El arte de regalar

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El Doctor Adolfo Dodero suele iniciar sus amenas charlas sobre presupuestos y contabilidad local con alguna referencia histórica. Él nos facilita la foto que sirve de presentación de esta entrada y donde un riguroso contable castellano del siglo XVII dejaba constancia en los libros de todos los gastos del Ayuntamiento de Medina de Rioseco, que dice lo siguiente:

Deven costas generales de este año 2.924 maravedís, por Baltasar Cidrón,librados en el susodicho por esta Villa al Regidor Bernardino del Puerto,por gastados de orden de esta Villa en truchas y salmón que embió aValladolid al Regidor Francisco de Eraso para rregalar algunas personas para el buen despacho del pleyto de privilegio de portazgos desta Villa con elcondestable y sus portazgueros

En fin, que hoy el simple conocimiento de un asiento similar nos obligaría, cuando menos, a releer el código penal para conocer si se trata de una dádiva para “influir” en algún procedimiento público.

De la misma manera, las ordenanzas del año 1605, queel Rey de España, Felipe III, por los que creaba los tres Tribunales de Cuentas en el hermano continente americano, cuidaba el comportamiento de los encargados de los asuntos financieros y tributarios, en el parágrafo 50:

“Otrosi mandamos que no reciban ni puedan recibir dadivas ni presentes, aunque sean de cosas de comer, de ninguna persona que tenga cuentas que dar ni negocios ante ellos, ni que se pueda esperar que verosimilmente los podrán tener ni antes ni después de haber dado las cuentas… “

Hoy, el mundo administrativo español conoce una herramienta mágica para agilizar los trámites: el “enchufe”. En América latina le otorgan diversas denominaciones según los países. En Brasil, es muy gráfica la denominación de quien tiene “pistolao”, en Colombia “palanca” y en Argentina “cuña”. Es su solución a los males de la burocracia.

¿Porqué regalar?

Las encuestas nos dicen que los españoles no perciben que para “moverse” en la Administración sea imprescindible “conocer a alguien” que aligere los trámites. Aunque, para el CIS, es mayoritaria (82%) la opinión de que el trato que recibe la gente de los funcionarios varía según los contactos que se tengan, la realidad es que al 42% casi siempre o a menudo los funcionarios le tratan de manera imparcial.

El polifacético economista Xavier Sala i Martín tiene un divertido artículo que explica que, estimando la diferencia entre los precios pagados por el obsequiante de los regalos y las valoraciones que de ellos hacen los obsequiados, la ineficiencia de los regalos de Navidad era del 10% del gasto.

El regalo parece ser una “tecnica de comunicación” de la empresas con sus clientes. En el decálogo del buen regalo, los expertos en Relaciones Públicas recuerdan que son preferibles aquellos de consumo inmediato, huyendo de los envases exagerados, de animales o de los artículos de broma.

Ya hemos hablado en la bitácora de los regalos en la Administración. En el siglo III, un jurista llamado Domicio Ulpiano se preguntaba qué regalos podían aceptar los altos funcionarios del imperio. Su consejo era: “Ni todo, ni siempre, ni de todos … rehusar de todos es una falta de educación, pero aceptar siempre parece de indecentes, despreciable aceptar de todos, y avaricioso aceptarlo todo”.

El Código de Buen Gobierno de los Ayuntamientos, aprobado por la FEMP expresa que “Los electos locales no aceptarán regalos que sobrepasen los usos y costumbres de la simple cortesía por parte de entidades o personas”. Tampoco faltan iniciativas para regular el límite máximo del precio de los regalos que se pueden aceptar.

Recientemente, un amigo recibió un regalo de viandas enviado por un empresario que conocía desde hacía muchos años. No quiso ofenderle devolviéndolo, cual era su deseo. Tras la denominada trama Gurtel y el gran debate mediático durante los últimos meses, estas liberalidades están “quemadas” en el ámbito público. Así, que, ni corto ni perezoso, el caballero se fue a la Cocina Económica de su ciudad (el comedor social para los desfavorecidos) y se lo entregó a una sor-prendida monja-cocinera. Él me dice: “así, todos ganan”, pero ¿Hizo bien?

Plural: 7 comentarios en “El arte de regalar”

  1. En el s. XVIII asturiano se les llamaba “regalos de estilo”, y consistían en barriles de escabeche, perniles y salmones (concretamente, el campanu) enviados a Madrid para repartir entre “los favorecedores del Principado” (Campomanes, etc) y de forma inversamente proporcional al escalafón, pero sin olvidarse nunca del portero del inmueble que ocupaba la Secretaría de Estado correspondiente, pues ya se sabe que si no te franquean la puerta no hay nada que hacer…

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