5 x 8 = 40, y me llevo 2

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Fernando Castro Abella Hoy quiero dedicar esta entrada al abogado Fernando Castro Abella, que ha sido durante las últimas décadas, responsable de la edición gráfica y electrónica de la excelente revista El Consultor. Desde allí, ha sido durante 32 años nuestro referente en el ámbito del Derecho Administrativo y Local, impulsando multitud de proyectos como la puesta en marcha Práctica Contratación Administrativa y Práctica Urbanística, o en la remodelación de revistas como Actualidad Administrativa.

Los profundos conocimientos jurídicos de Fernando han quedado patentes en los fogones de la sección Consultas –donde nunca eludía temas de actualidad o enjundia jurídica- o como coautor o coordinador de algunas obras jurídicas de manejo cotidiano como: “Derecho Local Especial”, “Nuevo Régimen Local”, “Contratación del Sector Público Local”, “Procedimiento Administrativo Local”, “Manual del Concejal”, “Vademécum de la Administración Local” y una larga lista de títulos que muchos hemos manejado en algún momento de la vida profesional.

Pero vivimos tiempos convulsos y la industria editorial no es ajena a ellos, así que hace unos días ha dejado el grupo Wolters Kluwer para iniciar una nueva vida profesional, después de habernos dado tanto. Así que mi modesta aportación narra un suceso de gran actualidad –en una ciudad que lleva el nombre de nuestro homenajeado– y que está siendo objeto de muchos análisis por los responsables de las finanzas locales. 

Allá por el año 2009, se descubrió en el Ayuntamiento de San Fernando (Cádiz)  un enorme desfalco en la recaudación municipal. La Cámara de Cuentas de Andalucía había aprobado, en su programa anual de trabajo, la realización allí de una auditoría, decidida quizás por la histórica tardanza en la rendición de cuentas. Así, el primer efecto que causó la visita de los auditores fue preparar la documentación pendiente en los servicios de tesorería e intervención municipal.

El saldo de la caja municipal llevaba varios años sin cuadrar, porque la contabilidad también iba con retraso. Los funcionarios de Caja eran eficientes, afanosos y apenas tomaban vacaciones, ni quedaban de baja. Siempre con la “lengua fuera”, nunca encontraban el momento oportuno para ponerse al día. El Interventor –que antes había sido el tesorero del Ayuntamiento- tomó cartas en el asunto y se implicó con eficacia para atender el requerimiento de los auditores andaluces. A los pocos días acudió a ver al Alcalde con el tesorero y se fueron directamente a la comisaria de policía a denunciar la malversación de los caudales públicos. Empezó así uno de los mayores culebrones de la vida local gaditana.

¿Qué había pasado? En la Caja llevaban años alterando los registros de la recaudación sin que nadie pareciese darse cuenta. Tacita a tacita –de plata, nunca mejor dicho– se habían evaporado más de siete millones de euros, tal como fue cuantificado primero por el Interventor, ratificado después por el perito judicial y por la propia Cámara de Cuentas de Andalucía cuando concluyó su informe de regularidad para el que había venido.

El procedimiento fraudulento, a grandes rasgos, era tan simple como habitual: la recaudación diaria era correcta y coordinada informáticamente con la contabilidad municipal, pero al realizar el arqueo de la jornada, se alteraba: “al sumarle la cantidad que quedó en la caja el día anterior es cuando se comete el posible fraude, al consignar una cantidad por debajo de la que debía expresar”, como puede leerse en la sentencia.

El dos de diciembre pasado, el Tribunal de Cuentas de España, a través de la Consejera María Antonia Lozano (ex–magistrada de la Audiencia Nacional) condenó en primera instancia a los cajeros al reintegro, como responsables contables “directos” de la desaparición. A continuación, y en una sentencia que levantará mucha polvareda, condenó a los sucesivos interventores, tesoreros y alcaldes que por allí habían pasado durante los últimos cinco años, como responsables subsidiarios, ante el muy probable caso de que los autores no puedan devolver lo defraudado. Por suerte para ellos, la legislación del Tribunal de Cuentas permite moderar la responsabilidad subsidiaria y los alcaldes, interventores y tesoreros sólo pagarán 30.000 euros cada uno. Al Interventor denunciante, que también había sido tesorero, le tocaron 60.000 euros.

El Tribunal declara probado que la escasez de personal “dificultó la gestión y supervisión encomendada, los controles debidos y la adopción de las medidas necesarias”. El Interventor, que es considerado en el sector como uno de sus mejores profesionales, participó activamente en el descubrimiento, la cuantificación y la gestión de los procedimientos para la exigencia de las responsabilidades, “colaborando con la Cámara de Cuentas en la fiscalización y tramitación de las actuaciones previas”, dice la sentencia. El Colegio de Secretarios, Interventores y Tesoreros de Cádiz (uno de los más activos de España) no ha tardado en dar la voz de alarma ante esta atribución de una verdadera responsabilidad objetiva a los habilitados estatales, que en su opinión no tiene fundamento.

Los “claveros”–como suelen llamarse al Interventor, Tesorero y Alcalde recordando su histórica custodia de la caja de los caudales– habían impulsado según la sentencia “medidas para reducir el volumen de dinero en metálico en la caja municipal”, promoviendo -ya en el periodo analizado- la recaudación a través de entidades financieras y la actualización de la contabilidad. Sin embargo, parece que no fue suficiente, que no se atuvieron al canon de diligencia exigible. Ser interventor es una tarea difícil.

Respecto al Alcalde, regidor de una población cercana a los cien mil habitantes, la Sentencia reconoce: “la imposibilidad de que pudiera descender a todos los detalles de cada gasto y pago analizando minuciosamente cada documento”. Sin embargo, también reconoce que “la caja de efectivo había dado señales suficientes de situación irregular como para haber podido captar, con unos correctos arqueos (..) y una contabilidad actualizada, el mal funcionamiento de la dependencia y haber podido adoptar medidas para evitar el menoscabo”.

Una primera conclusión nos muestra que estas realidades no deben ser ajenas a los equipos de gobierno. La exigencia de una correcta y oportuna contabilidad, además de contar con lógica jurídica (es una obligación) y económica (¡es una necesidad!), sirve para atemperar las posibles responsabilidades de los cuentadantes. No es papeleo, no es burocracia. Es el salvavidas.

Nada dice la Sentencia –que sin duda será apelada- sobre la inexistente responsabilidad del Concejal Delegado de Hacienda ni del resto de los técnicos propios del Ayuntamiento, que servían de apoyo a los Altos Funcionarios nacionales.

Debió haberse detectado. Por si no fueran suficientes los controles periódicos, se había realizado el arqueo extraordinario exigido por cambio en la corporación municipal (art. 36.2 del ROF) el 16 de junio 2007 y, como recuerda del informe de la Cámara de Cuentas andaluza (parágrafo 75) el resultado de tal arqueo fue recogido en un documento, que obligatoriamente se anexa al acta de la sesión plenaria constitutiva, según la cual las existencias de metálico en la caja municipal, tras el recuento físico efectuado, ascendía a 7.895,49 € cuando  el saldo “contable” de la caja en ese momento era de 4.793.894,50. Al menos ese día, debió conciliarse la diferencia y no se hizo. Se confió en unos laboriosos cajeros que no salían ni a desayunar.

Visto lo visto, más de uno pensará que los “claveros” tuvieron mala suerte y estaban en el lugar equivocado en el momento menos oportuno. Me pregunto en esta época navideña si la Sociedad Estatal Loterías y Apuestas del Estado, que mueve un volumen económico superior al presupuesto de San Fernando, resistiría un control tan férreo como el de las Administraciones Públicas. Quizás mejor dejarlo así, pues al menos cuando se juega a la lotería se asume que la suerte sonríe a pocos y la mayoría pierde, mientras que, cuando alguien juega con los dineros públicos perdemos todos.

Espero que te haya gustado la entrada, apreciado Fernando, y que seas consciente de la gran cantidad de amigos que has ido acumulando con tu buen hacer profesional.

Plural: 8 comentarios en “5 x 8 = 40, y me llevo 2”

  1. El Consultor está de luto, pues con Fernando Castro pierde a uno de los más acreditados municipalistas españoles de las tres útimas décadas.
    El mundo local, no obstante, estoy seguro que sabrá buscarle un hueco a la altura de su dilatada, profunda, brillante y prolífica vida profesional: ¡ánimo y un fuerte abrazo para Fernando!
    Manuel Fueyo Bros

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  2. ¡Qué decir después de las palabras de Manuel Fueyo Bros!… Nada más… las suscribo por completo. Fernando … ten por seguro q te vamos a echar de menos!!!. Gracias por toda tu labor y por toda tu ayuda durante tantos años. Gracias, Antonio, por esta justa y merecida entrada en tu blog.

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    1. El sitio de Fernando Castro no será ocupado en El Consultor. Quiero decir que algunas de sus funciones tendrán que ser desempeñadas en el futuro. Pero no será lo mismo; las personas no somos “repetibles”, y algunas de ellas lo son menos aún. Fernando Castro Abella ha sido equivalente a El Consultor durante varias décadas, Desde luego, que a partir de ahora no le leeremos en las páginas de su querida Revista, ni en tantas otras publicaciones del grupo que siempre fue su casa. Pero tampoco me cabe duda de que seguiremos contando con él en el mundo local, del que él es una pieza muy valiosa, ocupe el despacho que ocupe. Yo soy uno de los afortunados que he tenido en Fernando no sólo un magnífico profesional, sino una persona de cuyo afecto y amistad me precio. Y eso es muy importan, tanto o más que los conocimientos jurídicos o las cifras: las instituciones las hacemos personas. Ese capital va con Fernando donde quiera que él esté. Mis mejores deseos y un abrazo para él, también desde este blog.

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  3. Vaya por delante que me sumo a lo dicho por quienes me han precedido, pues aunque por distintas razones aún no he llegado a conocer en persona a Fernando, sin embargo, tengo que agradecerle su participación activa en la publicación del único artículo que he llegado a publicar en la revista hasta la fecha. Al parecer, en la revista se le llegó a proponer desestimar la publicación de mí artículo (“El Pleno de la Corporación no tiene competencia para la aprobación del Acta de la sesión anterior”), argumentando que se trataba de una tesis revolucionaria. No obstante por medio de un correo electrónico prueba de su amabilidad y atención personal me manifestó que cuando llegó a leer su texto se encontró con que habia comprobado que era así, ya que la tesis no era coincidente con lo que El Consultor habia venido manteniendo en sus libros y en la revista. Pero acto seguido me dijo que le permítiera asumir la defensa del artículo ante el Comité de Redacción, pues creia que, se compartiera o no, lo que yo decía lo fundamentaba jurídicamente, no siendo él partidario de censurar las tesis que pudieran apartarse de la doctrina tradicional de EL CONSULTOR. Postura objetiva, digna y sensata donde se vea que yo agradecí enormemente, en un momento de padecimiento profesional en el que sufria a menudo la imposición por el equipo de gobierno de mi Ayuntamiento de la conducta para mí errónea de someter el acta a aprobación por el Pleno, dándose el caso de que las Actas “no se aprobaban” y se aprovechaba la oportunidad para “imponer” al fedatario las correcciones que la mayoria absoluta permitian a dicho equipo de gobierno, al tiempo que se me vejaba con acusaciones de falta de fidelidad en relación con lo sucedido, reprobandome injustamente ante el público asistente y sumando así esta a otras ofensas gratuitas que su mayoria les permitia. Quede todo ello dicho en justicia para alabar un comportamiento ejemplar profesional. Un saludo.

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