Cuando bebíamos agua

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La casera años 50

Parece que fue ayer cuando veíamos, en blanco y negro, un anuncio televisivo que recordaba cuán moderno era beber gaseosa. Alguien interpelaba: ¿te acuerdas de cuando bebíamos agua? Vivíamos una ola de crecimiento económico y el agua era refresco de gañanes o destilado para refrigerar el motor del SEAT 600.

El mensaje recordaba el esfuerzo de una generación por mejorar sus condiciones de vida y el derecho a una justa recompensa bebiendo “La Casera”. Por cierto, luego redescubrimos las virtudes del agua, de la imantada y de la desimantada, … pero eso es otra historia.

Ahora, que la brutal crisis financiera hace estragos en la economía real, descubrimos que hemos vivido una década prodigiosa, con la euforia de los nuevos ricos, con tantos indicadores disparados, incluido el déficit exterior. Ya no bebíamos agua y estuvimos cercanos al pleno empleo masculino, mientras reaparecían aquellos carteles de “se busca dependiente” porque todos querían ser informáticos o brokers.

Leyes de opulencia para tiempos de crisis

Durante toda esa década hicimos leyes de ricos cuya aplicación deberemos estrenar en período de pobreza. Planteábamos mejores modelos de financiación para las CCAA con servicios básicos que estuviesen garantizados en todo el territorio nacional. Generamos todo un cúmulo de derechos de tercera generación, como la Ley de Dependencia, cuya necesaria aplicación afronta problemas institucionales, financieros y de gestión que ahora deben ser valorados en su justa medida. En España, durante los dos primeros años de vigencia de esta nueva normativa, el número de personas con un dictamen de dependencia es de 595.754. También surgen algunos esperpentos, como este.

Avanzamos en los derechos de la Sociedad de la Información o en materia medioambiental, del Espacio Europeo de Educación superior, por no hablar de los compromisos financieros de la Agenda de Lisboa para promover la investigación científica.

Ahora, con menguantes recaudaciones tributarias y con agotados fondos europeos necesitamos mantener nuestro Estado del Bienestar y la prestación de los servicios de nuestras Administraciones Públicas.

El gasto de personal

La primera partida del gasto público es la nómina. No podemos quejarnos los funcionarios de la subida salarial media, durante la década prodigiosa que nos ha precedido, pues, en términos globales hemos recuperado poder adquisitivo, que habíamos ido perdiendo en los últimos años. Desde un punto de vista presupuestario, existen una variedad de razones para esas subidas:

Conocimos promociones funcionariales, con gran cantidad de convocatorias realizadas en estos años, donde abundaron las oposiciones restringidas. La mayoría de mis compañeros, que durante los noventa que eran auxiliares administrativos, en la actualidad ya son todos administrativos o gestores. Gracias a un merecido esfuerzo pero favorecido por una cierta laxitud presupuestaria en las relaciones sindicales que ha convertido la pirámide burocrática en un rombo, donde los auxiliares son tan escasos como los técnicos. El problema surge para quienes ya estaban en la cúspide funcionarial: sólo pueden mejorar saltando transitoriamente a la arena política. Pero, no nos desviemos …

Hubo en este período mejoras generales en las retribuciones de los funcionarios, como el incremento de las pagas extraordinarias, durante la segunda legislatura de Aznar y durante la primera legislatura de Zapatero; Unas medidas del tipo “nosotros pactamos y legislamos, yo salgo en la foto y tu pagas”, pues muchas Administraciones se encontraron que, con los mismos ingresos ahora deben hacer frente mayores gastos de personal. En las Universidades públicas, con altas retribuciones complementarias, esa paga extra es una sangría financiada por sus propios recursos.

El resultado: crecimientos del 8%

Con todo, se obtuvieron incrementos de los gastos de personal muy superiores a la inflación. Un par de ejemplos: en el informe de la Cuenta General del País Vasco correspondiente al ejercicio 2007 se explica que el gasto de personal ha aumentado en un 8,7%, con respecto a 2006. Este incremento ha sido debido al crecimiento medio de las retribuciones de un 6,8% (frente al 3,5% de subida salarial autorizada: 2% + mejoras) y el resto a nuevas plazas para promoción o acceso. En el informe valenciano (pág. 78) y en el informe madrileño (pág. 26) el incremento es también del 8%.

Tras esta corta evolución ahora la economía real parece detenida. Aquellos carteles de los bares buscando camarero se han sustituido por otros con la leyenda “En Dios confiamos, el resto paga en efectivo”. Los presupuestos deberán concentrar los recursos en crecientes sectores afectados por el desempleo y la exclusión. Son tiempos de compromiso social.

Se reduce la oferta de empleo

En este marco ha surgido el debate: ¿Es justificable ahora una congelación salarial para los altos funcionarios? El asunto viene a cuento de las declaraciones del Ministro de Trabajo, planteando que el Gobierno, en el caso de que haya restricciones presupuestarias el próximo año, congele el sueldo a un millón de empleados (que ganen más de 30.000 euros) de todas las administraciones públicas. Un globo-sonda que parece haber superado el test.

Además, el último Consejo de Ministros aprobó un acuerdo para la racionalización de los recursos humanos en laAdministración General del Estado así como la reducción a la mitad de la Oferta de Empleo Público: foto

El plan incluye una serie de medidas de austeridad y eficiencia en materia de empleo público, exigiendo a los ministerios, antes del 1 de junio, una adecuación de sus relaciones y catálogos de puestos de trabajo para reducir el número de vacantes a un máximo del 8% del total de puestos de trabajo de cada ministerio u organismo.

www.expansión/funcion-publica

Los ministerios también tendrán que presentar un plan de optimización y racionalización de recursos humanos para ajustarse a las prioridades y necesidades operativas de cada departamento, procediendo al  dimensionamiento adecuado de sus relaciones de puestos de trabajo. En estos planes se determinarán los puestos que no deben experimentar ninguna modificación y que deberán amortizarse de forma automática cuando queden vacantes. Toca apretarse el cinturón.

Nuestros padres se enfrentaron a crisis más violentas que estas, producto de la destrucción de una guerra civil y con menor formación fueron capaces de recuperarse y de sacrificarse por darnos un futuro mejor. Carlos Salas lo ha descrito ayer en suplemento Mercados (El Mundo) con la maestría que le caracteriza.

Nuestros hijos se preguntarán ¿Te acuerdas cuando cambiábamos de móvil cada seis meses? ¿Cuándo la administración te pagaba los ordenadores? Aprenderemos a beber agua otra vez …

Forges es genial

Una versión de este artículo fue publicada en La Nueva España, el 12 de febrero de 2009.

Plural: 4 comentarios en “Cuando bebíamos agua”

  1. Encima de ser unos empelados privilegiados en unos cuantos sentidos no vamos ahora a protestar por una congelación (encima el año con la inflación más baja imaginable). A me me molesta especialmente porque el cuerpo de Titulares de Universidad, en concreto, ha perdido un montón en estos años pasados, pero no parece que sea este el momento más adecuado para recuperar. Seguro que esa congelación se asumirá sin problemas.

    Por cierto, muchas gracias por la cita.

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  2. Que buena reflexión, Antonio. Coincido casi al 100% contigo.

    La cuestión nunca fue si se gasta mucho o poco en el Sector Público (España 39% del PIB; Alemania 44% del PIB; Francia 52% del PIB), sino CÓMO se gasta. Ahora nos damos cuenta, por la vía de los hechos, de que estábamos viviendo por encima de nuestras posibilidades, tanto en lo privado (la leche con calcio y el agua mineral de mil sabores) como en lo público (ordenadores gratis, carreteras de dudosa utilidad…).

    Se suele hacer siempre mucha demagogia con los sueldos de altos cargos, mobiliarios “de lujo”, complementos salariales ad hoc… pero me temo que todo eso sumado sea el chocolate del loro. Lo importante son los grandes programas de gasto público.

    Un ejemplo. Hay que ver en qué estamos invirtiendo los fondos públicos en educación, por ejemplo sosteniendo centros privados, cuando la red pública ha crecido y mejorado notablemente y no tiene nada que ver con la de los tiempos de la LODE o la primera LOGSE. ¿No sería mucho más eficiente apostar por esa red pública de centros para optimizar los recursos? Lo mismo podríamos decir de los hospitales.

    Otra variante. Me parece muy valiente la propuesta fiscal de FUNCAS. Es la única que escucho defendiendo el papel de los impuestos para reactivar la economía, frente a otras que parecen más bien un brindis al sol, aunque las defiendan notables académicos.

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  3. Pienso que de cerca pocos políticos –y/o académicos- conocen de verdad lo que es una empresa por dentro. Y menos aún cómo dirigirla.

    Y lo que resulta indiscutible es que sin empresa (como vehículo de emprendedores, que no de oportunistas del mercado) no hay empleo: esto, creo, ya no lo discute hoy (casi) ninguna opción política.

    Los coches tienen dos tipos de medidas de seguridad: activas (orientadas a evitar el accidente) y pasivas (orientadas a que el daño sea lo menor posible cuando el accidente no se ha podido evitar).

    ¿Por qué –sin menoscabo de las medidas pasivas que devengan precisas- no se destinan más recursos para ayudar a las empresas?, pero contestando de verdad, no sólo tildando de “reaccionaria” la propuesta.

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