Eterno Niemeyer

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En estudio con Niemeyer.jpg

Foto de izda. a dcha.: Nicolás Rodriguez (director de posgrado de la Universidad de Salamanca) Antonio Moraes, (Tribunal de Cuentas de Río de Janeiro) Pedro Nevado (profesor de Derecho Administrativo de la Universidad de Salamanca), Oscar Niemeyer, Yo, Felipe Jover (Secretario del Consejo Consultivo de Extremadura) y Enrique Sánchez Goyanes (Abogado, Madrid).

Los brasileños adoran a Oscar Niemeyer, Premio Príncipe de Asturias de las Artes (1989) y uno de los grandes arquitectos del Siglo XX. Combina un estilo audaz y original, perfectamente reconocible, con el activismo político de izquierda y una vida cotidiana de hombre sabio y sencillo, que le hace una persona admirada y respetada por los ciudadanos de cualquier tendencia electoral.

Pude comprobar su popularidad en mi reciente estancia en Río de Janeiro, donde fui invitado al “V Forum Brasileiro de control de la Administración Pública”. Desde el taxista hasta el guía turístico que nos ilustró sobre la “ciudade maravilhosa”, expresaron un cariño espontáneo a su compatriota.

No fue difícil lograr que el velho Óscar Niemeyer recibiera, en el gabinete de su Estudio de Arquitectura de Copacabana, a la media docena de integrantes de la delegación española. No es habitual, pero tampoco imposible, pues D. Óscar acude todos los días al despacho arropado por su equipo de colaboradores, que se asoman a cada rato a la reunión para ver como va todo. Le enterneció una carta de los abogados urbanistas Enrique S. Goyanes y Pedro Nevado, tramitada a través del organizador del congreso, Antonio Moraes, consejero del Tribunal de Cuentas de Río de Janeiro.

 

La cita fue concertada para el pasado 18 de junio a las once de la mañana, en su pulcro y sobrio estudio situado en el ático del edificio Ypiranga, de paredes blancas y amplios ventanales. La espectacular vista marítima era el único lujo que allí había.

El calor, el sol y la luz, características de Río, iluminaban la oficina, ayudados por un blanco perpetuo de suelos, paredes y techos. Marcamos una nota europea, seria y discordante, de traje y corbata, en una oficina tan cálida, con muebles amigables sin aristas: un antiguo diván, varias sillas y una mesa.

Cuatro tataranietos

Oscar.jpgNiemeyer nos está esperando en una sala aneja, su rincón preferido de lectura: un reducido espacio lleno de libros, planos y fotos. Viste con una veraniega camiseta que asoma bajo una sobria camisa, ambas de un característico color blanco, un matiz recurrente en su obra. Nos recibe sentado, como legítimo privilegio de la edad y, para nuestra sorpresa, el centenario anfitrión nos espera fumando un cigarro.

Su vida es la historia de nuestro convulso y desarrollista siglo. Mencionar sus obras sería interminable. Sin embargo, cualquier buen arquitecto occidental supera -con mucho- su patrimonio económico personal, escogida autolimitación del genio, fruto de una coherente conciencia social. Su hija única, Ana María, galerista de arte, le ha dado su mayor fortuna: cuatro nietos, 14 bisnietos y cuatro trinietos. Algunos trabajan en la fundación que lleva su nombre.

Eduardo Galeano escribió que Niemeyer odiaba el capitalismo y el ángulo recto. “La forma sigue lo femenino“, dicen los manuales sobre su obra, explicando las amplias curvas presentes en sus edificios o sus dibujos en cuatro trazos de desnudos femeninos. Sobre la terminal del ferry entre Niteroi y Río, en el restaurante Olimpo, en la zona donde toca la orquesta que ameniza la cena, pude comprobar como esos dibujos también adornaban los azulejos del edificio diseñado por él. Podéis verlo a continuación:

Cuesta trabajo hacerle hablar del pasado. Nos explica que la arquitectura “debe crear sorpresas; el sujeto tiene que mirarla como una obra de arte, tiene que quedarse espantado, no en sentido negativo, tiene que crear”. Ahora va a construir el estadio donde se celebrará el Mundial de Fútbol que Brasil acogerá en el año 2014. No tengo ninguna duda que logrará inaugurarlo cuando tenga 107 años cumplidos.

En Asturias estamos muy orgullosos de contar con una obra suya, en fase de construcción: el Centro Niemeyer de Avilés (ver), cuyo director Natalio Grueso, que ha pasado muchas horas hablando y trabajando con él, me advierte de su inagotable energía vital: siempre concluye su jornada laboral cenando en su restaurante favorito de Ipanema, donde se toma una copita de vino y fuma un par de sus característicos puritos.

Niemeyer diseñó otro símbolo de Brasil: el Sambódromo de Rio de Janeiro, un verdadero estadio construido como una larga calle flanqueada de tribunas, donde las escuelas de samba ensayan y celebran la fiesta nacional del carnaval. Un crisol que junta una vez al año a todas las clases sociales, a todas las razas: futbolistas de élite, ejecutivos y gente de la favela. Negros, criollos y blancos. Niemeyer en estado puro: el arte que derriba esa semana todas las barreras sociales.

 

El arquitecto -virtuoso guitarrista- fue amigo de los famosos cantantes brasileños Tom Jobím y Vinicius de Moraes, cuyo encanto y sensualidad suele comparar con su propia obra. La generación brasileña de los cincuenta creció con dos ídolos: Pelé y Niemeyer. Muchos intentaron imitarles. Chico Buarque le admiraba tanto que de joven intentó estudiar arquitectura en Sao Paulo, aunque pronto abandonó. La música le ganó una partida a la arquitectura. Lo cuenta en este video de la siguiente manera:

La casa de Oscar era el sueño de la familia. Estaba el terreno… estaba el ante proyecto, estaba la promesa de que un buen día íbamos a vivir en la casa de Oscar. Crecí lleno de impaciencia, porque mi padre, aunque fuera dueño del Museo de Ipiranga, nunca juntaba dinero para construir la casa de Oscar…Me sentí traicionado, me volví rebelde…y salí golpeando la puerta de nuestra casa vieja y normanda: “Sólo vuelvo a casa cuando sea la casa de Oscar”…Decidí ser Oscar yo mismo, regresé a San Pablo, estudié Geometría Descriptiva… y fui el peor alumno de la clase… Después dejé la arquitectura y me transformé en aprendiz de Tom Jobim. Cuando mi música sale buena, pienso que parece música de Tom. Música de Tom, en mi cabeza, es la casa de Oscar.

 

Aconseja a los jóvenes pensar más en el mundo en que viven y no caer en el error de los especialistas que “sólo saben hablar de un asunto”. La fundación brasileña que lleva su nombre tiene como objetivos la belleza, el humanismo y la libertad. Para alcanzarlos nada mejor que infundir y difundir la conciencia social: “para mostrar que la miseria existe, que el capitalismo existe, que Bush existe: es una mierda, pero existe”, explica con autoridad.

Le pregunto si es verdad lo que se cuenta: que no le gusta volar y por eso Fidel Castro había venido a verle hace unos años, con ocasión de una cumbre iberoamericana. Como no podía ser de otra manera en alguien tan vanguardista, me responde que sólo le gustó volar en el Concorde.

ascensor.jpgLa anécdota de Fidel la conoce todo buen carioca: el Comandante vino a verle a Río, a la misma oficina de Copacabana donde se desarrolla esta entrevista. Era la medianoche y el viejo ascensor del edificio no funcionaba. Me lo creo. Este antiguo aparato, cuyos pulsadores veis en la foto adjunta, es digno del austero estilo de vida de Niemeyer. Pues bien, imaginen la sorpresa del vecino al abrir la puerta y encontrarse a Fidel Castro que le ofrecía un puro a modo de disculpa por atravesar su apartamento y utilizar el montacargas.

Se confiesa amigo de Fidel y Chávez, que “están coordinando esa lucha contra el imperalismo norteamericano. Felizmente Lula está ahí, con un prestigio enorme, sin aceptar las imposiciones de los norteamericanos”.

Esta afirmación es muy importante. Hace un par de años, en un ejercicio de coherencia ideológica, Niemeyer había criticado abiertamente a su amigo Lula por alejarse de “la vieja izquierda”. Son muchos los brasileños que piensan que se puede ayudar más a las rentas de las clases desfavorecidas conteniendo la inflación y reformando gradualmente el aparato del Estado. Las frias estadísticas de Brasil, el ‘monster country‘, parecen dar la razón a esa estrategia.

Brasilia

Su imagen pública comienza en Pampulha, un lago artificial construido en la década de los cuarenta que marca el inicio de su relación con Juscelino Kubitscheck, entonces alcalde de Belo Horizonte, capital del Estado de Minas Gerais, de la que sería también gobernador, y después presidente del Brasil. Por iniciativa de éste, Niemeyer es invitado a trabajar en el proyecto de la nueva capital: Brasilia, donde quedará a cargo de los proyectos de los edificios y Lúcio Costa de la planificación urbanística de la ciudad.

Recuerda que el presidente brasileño quería hacer una capital pequeña para trasladar a su gabinete y a los ministerios directamente conectados a él. “¡Pero no! La atracción del poder … ¡todo el mundo fue para allá!” dice, y hoy es una ciudad de dos millones y medio de habitantes.

En su opinión, es mejor determinar un límite para la población: “por ejemplo, un millón de habitantes, y cuando se llega a ese punto, hacemos otra ciudad”. Pero Brasilia era una aventura diferente “con monumentos, la vuelta hacia el arte, a la arquitectura”. Para ello debía haberse contado con más tiempo, aunque entiende que, pese a las dificultades, era una época de optimismo: Bossa nova, Campeones del Mundo en 1958… : “El pueblo brasileño se quedó muy contento de hacer una nueva capital en cinco años. Pero hubiera sido mejor que lo hiciéramos en diez”. En 1987, fue declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO.

Teatro-Niteroi.jpg

Niemeyer termina la charla con una anécdota relativa a su primera visita a lo que sería Brasilia. Viajó en avión con el Presidente y su gobierno:

Yo me senté al lado del Ministro del Ejército, que era muy simpático. Se volvió hacia mí y me dijo: ‘Doctor Niemeyer, el edificio del Ejército … el señor va a hacer una cosa clásica ¿no es así?’ (risa). Entonces yo respondí: ‘si el señor tiene una guerra, ¿el señor va a querer usar un arma antigua o moderna?’ (risa). Brasilia fue una aventura, pero mostró que cuando la gente necesita correr, la gente corre, no?

Este gran hombre se hace eterno a través de sus obras, eso es indudable. Como persona no deja de ser un marido, un padre; alguien que -a través de estos dos siglos- ha vivido el dolor de perder a su mujer, a grandes amigos, a familiares. Nada más lógico suponer que la melancolía y la tristeza se adueñen de uno. Sin embargo, la realidad es otra. La importancia de vivir el ahora, los amigos, la vida. Les dejo con sus palabras con que cerré mi conferencia, y que con su complicidad mantendré en su idioma original: “O que importa, enquanto estamos aqui, é a vida, a gente. Abraçar os amigos, viver feliz”.

 

Este artículo fue publicado en el suplemento “Paraiso” de la edición de papel del diario La Nueva España, el día 6 de julio de 2008.

MAC-de-Niteroi-los-mosqueteros.jpg

6 comments on “Eterno Niemeyer”

  1. Caríssimo Antonio Arias:

    Que pena que yo no haya podido ir a Río de Janeiro por esos días. Muy simpática sus notas sobre el encuentro (entrevista) con Oscar Niemeyer, uno de nuestros más queridos y respetados compatriotas, de todos los tiempos. Yo, que lo admiro tanto, nunca tuve el privilegio de encontrarlo personalmente. Esté seguro de que usted conoció y conversó con una persona de nuestra época, que será citada y reconocida el año 3.000.
    Um fraterno abraço.
    Getulio, Natal (Brasil)

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  2. Estupendo señor Arias:

    Esa fotografía, prueba evidente del delito, tiene el grave inconveniente de no haber pillado el perfil bueno del profesor Rodríguez.
    Mire vuesa merced, señor síndico, que el pan de la Armuña se suele pudrir con la abundante humedad.
    Bromas aparte, no sabes la alegría que me ha dado ver esa foto del viejo rockero, con Nicolás y Pedro.

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