
Estos días he estado cacharreando por las páginas web de las Instituciones de control americanas, donde sus normas y procedimientos de auditoría pública fueron siempre la referencia, como escribíamos en 2007. La GAO se hacía llamar El mejor amigo del contribuyente y realizaba gran cantidad de trabajos de auditoría operativa, incluso había cambiado su nombre oficial para incluir la palabra Accountability, implantando técnicas mucho más arriesgadas para informar sobre el funcionamiento de los servicios públicos, como éste sobre la seguridad de los aeropuertos. Por ejemplo, llegaron a usar la práctica del cliente misterioso, para hacer sus comprobaciones sobre la prestación regular de la asistencia al ciudadano. Más recientemente, hasta el Agente encubierto.
Todo esto tenía un lugar en nuestra modesta bitácora, que presenciaba una evolución en el modelo de control público, donde nuevos conceptos como las infraestructuras críticas o la gestión estratégica del capital humano cobraban una gran importancia, incluso superior al de los caudales públicos.

La primera década de nuestro actual siglo fueron tiempos de cambio, en este sentido. Recuerdo cuando celebrábamos la inauguración de las primeras cuentas institucionales de redes sociales en la GAO, que titulábamos aquí Los tiempos adelantan una barbaridad, como decía Don Hilarión. Luego recibíamos con alborozo la valentía de abrir el blog institucional. No fue fácil ni rápido subirse a ese carro. Había muchos detractores que consideraban estas herramientas cosas de marujeo. Hay que reconocer que el Tribunal de Cuentas Europeo fue de los primeros en usarlas y hoy sabemos que la comunicación de los informes llega en su inmensa mayoría a través de estas herramientas.
La influencia de estos movimientos sobre el modelo latino de control de regularidad (legal y contable) fue indudable. Aun recuerdo los debates en la Universidad de Verano de Maspalomas, organizados por la Audiencia de Cuentas de Canarias, que buscaban aumentar sustancialmente la rendición de cuentas en España explorando nuevos campos que exigían unas modernas herramientas. Así, los brasileños fueron los primeros seguidores de esta innovación, implantando técnicas de inteligencia artificial y análisis masivo de datos, como misión clave de los órganos de fiscalización externa.
Al mismo tiempo, los ciberriesgos ascendían al pódium de las preocupaciones de gestión, y se anticipaba una redefinición de las competencias profesionales de los auditores que, más pronto que tarde, afectará también al propio diseño de sus procesos selectivos.
Brasil como ejemplo

Asistí en 2009 a los intensos debates de la Carta de Curitiba , que pedía a los tribunales de cuentas la definitiva integración de los controles de eficiencia y eficacia en el gasto público como prueba de madurez institucional de sus planes estratégicos. Una experiencia que hoy los brasileños parecen tener superada en sus 70 años de fiscalización institucional mediante el Sistema de Control Externo, a través de sus 33 Tribunais de contas. Por ejemplo, si se repara en el logo inicial de la página web del Tribunal de Contas de Santa Catarina se verá que además de su nombre oficial aparece muchas veces el Tribunal de Gobernança Pública Catarinense oque utiliza en su edificio letreros y carteles alusivos a esa nueva visión. El cambio de Contas por Gobernanza me recuerda la comentada evolución hace 20 años del órgano similar estadounidense.

“Este concepto expresa la comprensión de que la Gobernanza Pública va más allá de la mera conformidad legal, es decir, de la simple inspección sobre el cumplimiento de las leyes, abarcando también la eficacia, la eficiencia y la efectividad de las acciones gubernamentales y de las políticas públicas entregadas a la sociedad”, explica el presidente de ese Tribunal, Herneus João De Nadal.
En el congreso que comienza el próximo martes -y que cubriremos para los muy cafeteros lectores de esta bitácora- se pretende debatir sobre todo esto en un momento crucial. También de multitud de temas sectoriales en 32 actividades paralelas, y 12 paneles o talleres. Llega la hora de los funcionarios, pues los congresos son una magnífica herramienta de cambio en cualquier campo científico y la asistencia de unos miles de servidores públicos a la macroreunión de Florianópolis es todo un juicio institucional. Allí mandan -aunque sea por unas horas- los empleados frente a los cargos públicos. Desconfíe de las instituciones que no envían a los trabajadores a los congresos profesionales, con frecuencia la palpable demostración de que el conocimiento está invertido respecto a la jerarquía, que puede quedar retratada. Recuérdese la formación obligatoria y medible prevista en las normas internacionales de auditoría y de cuyo logro muchas relevantes instituciones presumen.
Es cierto que esta evolución y madurez comentada requiere un buen funcionamiento de los mecanismos de control interno de las Entidades Públicas, para descargar el trabajo hacia estos nuevos sectores. Algo que requiere tiempo y una opinión pública comprometida y exigente. Pero sobre todo, es imprescindible una élite institucional que lo conciba, lo impulse y lo defienda de quienes tienen aversión al cambio.

El Dr. Adircélio de Moraes Ferreira Júnior es Vice-Presidente de Relações Internacionais de ATRICON (Asociación de miembros de tribunales de cuentas de Brasil) y consejero del Tribunal de contas de Santa Catarina. En su interesante capítulo de la publicación institucional “Los Tribunales de cuentas, la Pandemia y el futuro del control” (Coordinado por Edilberto Carlos Pontes Lima) expone que es necesario establecer un nuevo paradigma para el funcionamiento de estos órganos constitucionales que, superando el significado clásico del término «cuentas», transforme a estos órganos en verdaderos Tribunales de Gobernanza Pública, “actores necesarios para un mejor funcionamiento del aparato estatal en su conjunto, beneficiando así a nuestra sociedad. Esto exige analizar críticamente y repensar su funcionamiento (…) ese significado tradicional y anticuado, meramente aritmético, del término cuentas, que ha acompañado el nombre de la institución desde sus orígenes”.
Una metamorfosis que, para Adircelio, implica una transformación mucho más radical, para constituirse en un órgano que defienda el derecho fundamental al buen control público y contribuya eficazmente a la mejora de la Administración Pública. Por lo tanto, es necesario superar la lógica formalista del control administrativo y financiero y establecer un nuevo paradigma, coherente con la buena administración pública y la gobernanza deseadas.
Adircélio Ferreira: «Una administración moderna y ágil es inútil si la supervisión es arcaica y lenta. Por otro lado, establecer una supervisión digital con tecnologías de vanguardia también es inútil si la administración aún opera de forma analógica y con herramientas rudimentarias».

Por esa razón, en los próximos días se producirá un acercamiento y el intercambio de experiencias internacionales entre ambos mundos y asistiremos a su macroreunión bienal una delegación vinculada al congreso que ha venido asistiendo a los brasileños en la Universidad de Salamanca, durante múltiples ocasiones de las dos décadas pasadas. En Florianópolis, en el sur de Brasil, la capital del estado de Santa Catarina, conocida como la «Ilha da Magia» (Isla de la Magia) se presentarán los instrumentos esenciales para la mejora de la actuación de los servicios públicos, “especialmente en un contexto global cada vez más interconectado y desafiante” como afirman los organizadores. El encuentro con los cientos de funcionarios del Órgano de control externo catarinense será el próximo lunes en Florianópolis, el día previo a la inauguración del IV Congreso Internacional de los Tribunales de Contas brasileños. Seremos más de 2.000 los asistentes. Dimensiones brasileñas de las que iremos informando …



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