Aprender a decir No

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En un breve un artículo del consejero del Fondo Monetario Internacional José Viñals (antes vicegobernador del Banco de España) se identifican los cinco factores clave de un buen supervisor. Aunque él parece dirigirse a los analistas de riesgos financieros, me permito incluir en el concepto a otros profesionales de la evaluación o la certificación, desde auditores externos e internos a interventores o síndicos. Su lectura me ha recordado las características de un buen auditor, que el escritor norteamericano Elbert Hubbard que hace un siglo denominaba “corazón de feldespato”.

Para Viñals todos los supervisores deben ser intrusivos, proactivos, abiertos de mente, adaptables y concluyentes. Intrusivo significa tener un conocimiento profundo de la entidad supervisada, en suma, meter la nariz y saber lo que está pasando. Por otro lado, ser proactivo conlleva que un supervisor debe ser escéptico y siempre ha de cuestionar todo, “incluso en los buenos tiempos”, dice.

La buena supervisión exige también ser abierto de mente, que supone no dejar piedra sin remover, y siendo especialmente vigilante sobre lo que está pasando en el borde de la raya de la legalidad. Para ser adaptativos, los supervisores deben mantener sus ojos sobre el movimiento de la pelota, mantenerse al día sobre las innovaciones que se producen, nuevos servicios y nuevos riesgos. Y, por último, la supervisión debe ser concluyente, no basta con identificar los problemas, sino también su seguimiento.

En definitiva, auditores o interventores son esas personas que nunca debieran dejarse llevar por la euforia colectiva o por los estados de ánimo, lo que implica enfrentarse a los chicos «guay» y a los intereses creados. Vamos, verdaderos aguafiestas. Por ello, una de sus principales cualidades es aprender a decir “no” a tiempo. Una negativa a tiempo puede ahorrar muchos quebraderos de cabeza futuros. Pero ¿Cómo se aprende a decir “no”? Es difícil y nadie nos lo enseñará, aunque ayuda mucho contar con personal altamente cualificado y estar en una organización que fomente la independencia de criterio, libre de interferencias políticas o mercantiles.

Que los auditores desarrollen una tendencia negadora forma parte de sus posiciones habituales en las organizaciones. En el caso de los auditores internos, muchos gestores perciben que su función interfiere con los objetivos, la innovación y los riesgos inherentes a la dirección. Surgen entonces esos frecuentes conflictos.

Como recordaba, en la revista del Instituto de Censores Jurados (pág. 18), el Presidente del ICAC Gonzalo Angulo, “el auditor no es el supervisor prudencial, sino el encargado de verificar si los estados contables presentan la imagen fiel, aunque para hacerlo tenga que considerar muy especialmente los riesgos de la entidad auditada”. Por ello deben tener fuerza para enfrentarse a situaciones de alta tensión, y mantener un criterio profesional independiente, que al final de su vida profesional, será su única recompensa. Los secretarios e interventores locales ofrecen buenos y diarios ejemplos de ello.

Sobre la incomodidad de sus funciones fiscalizadoras, en una reciente sentencia, el propio Tribunal de Cuentas de España nos ha recordado que no suele ser tarea fácil ni agradable y ”el ejercicio correcto de su trabajo puede dar lugar a situaciones de malestar y teórico enfrentamiento con los ordenadores de pagos”. En el asunto enjuiciado, el Interventor fue condenado a reintegrar el gasto (que había fiscalizado de conformidad) en unas esquelas de prensa nacional dando cuenta del fallecimiento del padre del Presidente de la Ciudad de Ceuta, dedicadas las citadas esquelas por sus propios familiares y no por la Corporación que la financiaba. “Pero es aquí donde radica la dificultad y, al mismo tiempo, la grandeza de la función interventora, amparada en cualquier caso por las leyes”, dice el Tribunal.

Alguien juzgará poco delicado reparar la idoneidad de un gasto en tan delicado momento, por eso los auditores deben abstraerse emocionalmente de la situación, alejándose de aquellas influencias que persiguen desviar su juicio.

Un suceso en el que se adoptó un punto de vista demasiado indulgente se destapó con el desplome del Banco americano Lehman Brothers. Los auditores no cuestionaron el uso del complejo pacto de recompra denominado “Repo 105”. Así, mediante lo que en esencia es un préstamo a corto plazo contabilizado como una venta, se lograba reducir la deuda en 50.000 millones de dólares. Los activos financieros “vendidos” eran, una vez publicado un balance trimestral más saneado, recuperados por el banco que se endeudaba de nuevo hasta los niveles originales para adquirirlos. El auditor toleró que el banco dejara de informar en la memoria acerca de estas operaciones y, por ello, el juez instructor norteamericano de la quiebra también imputa al auditor la responsabilidad. La prudencia es un principio contable y también una parte relevante de nuestro sentido común. También forma parte indisoluble de nuestra actividad el miedo, que debió excitar la imaginación de la firma auditora; miedo, seguramente, a perder a un cliente tan importante. Pero, claro, eso lo sabemos ahora.

Xavier Marcet,  en su lúcido libro “Cosas que aprendemos después” (editorial Plataforma, 2010. 190 páginas y 16 euros) reflexiona con sabiduría sobre múltiples aspectos del trabajo en las organizaciones. Nos recuerda que la gestión profesional está llena de miedos, que todos sobrellevamos como podemos. Nos movemos entre la emoción y la razón para hacerles frente: miedo a no estar a la altura, a no poder cumplir con nuestra responsabilidad, temor a la insidia o a que nos manipulen. El miedo nos acompaña en nuestro quehacer como directivos aunque a veces, dice Marcet, una forma de vencerlo es no tener miedo a compartirlo.

Publicado en La Nueva España.


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Comentarios

16 respuestas a “Aprender a decir No”

  1. […] dejarse llevar por los estados de ánimo, lo que implica ser esos verdaderos aguafiestas que saben decir NO. Lo decía el veterano funcionario, Manuel Fueyo, en su ponencia del COSITAL en Cádiz, la semana […]

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  2. […] de control interno en las entidades locales y que fueron formalizados por quienes ocupaba esa importante responsabilidad local (la respuesta exigía el visto bueno del presidente de la corporación). En los 53 ayuntamientos […]

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  3. […] (35% de diferencia) y consideran que la función tiene un margen de mejora en determinados atributos clave (como por ejemplo, promoción de la innovación y la calidad), lo cual podría indicar que sus […]

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  4. […] trabajas en una organización madura y con un ambiente profesional mínimamente ético. Realmente decir ¡no! a tu compañero de café se hace más fácil si puedes explicarle tus razones y evitarle un […]

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  5. […] de escepticismo profesional, dice el parágrafo 23 de la NIA 240, es una actitud que incluye un estado mental inquisitivo y una evaluación crítica de la evidencia de auditoría y requiere un “cuestionamiento continuo […]

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  6. […] el trabajo del Interventor -como del auditor- se basa en la desconfianza, en las evidencias y en su capacidad para resistir o aislarse de las presiones, sobre todo -y quiero reconocer la encomiable tarea que realizan- en […]

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  7. […] organizaciones -que tienen corazón de feldespato, según Helbert Hubard- deben afrontar ser los chicos malos de la película. Como dice el anónimo bloguero, “la mayoría de mis mejores informes de […]

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  8. […] destitución del interventor en una incidencia que los OCEX deben reseñar en sus informes. Son los aguafiestas porque en cuanto bajan la guardia, se la […]

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  9. […] fin, una función -la que ejercen estos funcionarios- compleja y arriesgada que exige una mentalidad muy […]

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  10. […] de la contabilidad. Sin embargo, parece que no fue suficiente, que no se atuvieron al canon de diligencia exigible. Ser interventor es una tarea […]

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  11. […] titular y que se mantienen sin ocupante u ocupados por funcionarios sin esa habilitación. Son los aguafiestas porque en cuanto bajan la guardia, se la arman. Generan un sexto sentido para […]

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  12. […] la profesión del control público debe alzar la voz frente al oportunismo político que emplea el trabajo de interventores y de auditores internos a conveniencia de sus intereses. A […]

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  13. […] puedan desafiar el status quo (“verdades inconvenientes“), la subestimación de los factores humanos y psicológicos que suelen estar en juego, así como las dificultades para hablar abiertamente sobre los dilemas de […]

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  14. […] facilitando la reducción de incertidumbres, de los niveles de riesgo y de las posibilidades de comportamientos de gestión no […]

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  15. […] es un tema corporativo ni de reforma de calado sino un asunto bastante más delicado. Entre otras cosas estamos hablando de contabilidad, tesorería, recaudación y fiscalización de […]

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  16. […] Siempre hemos reconocido que la vida de los interventores se desarrolla en un campo de minas. Por suerte, la pericia de estos profesionales les permite reconocer y manipular esos peligros. Sin embargo, con alguna frecuencia, un colega sufre una desgracia desactivando los artefactos. Cualquier atención es poca. Hace diez años nos atrevimos a hacer un recetario de cualidades para llegar a la jubilación sano y salvo, pues nunca pueden dejarse llevar por los estados de ánimo, lo que implica ser esos verdaderos aguafiestas que saben decir NO.  […]

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