
La mesa final del Congreso de Control Interno Local, previa a la presentación de las conclusiones del CCIL, tenía un título sugerente “Del interventor al Bot: Revolución tecnológica en el control local” y estaba integrada por Eva María Delis Ruiz, Interventora del Ayuntamiento de Camas (Moderadora) así como por Cristina Perea Herrera, Interventora Responsable de la Unidad de Auditoría de Sistemas de Información y Automatización de procesos en la Intervención General de la Junta de Andalucía, por Ismael García Cebada, Director de la Oficina de Informática Presupuestaria de la Intervención General de la Administración de Estado y Ángel Díaz Mancha, Interventor General de la Diputación de Badajoz.

La mesa ha abordado diversas materias divididas en tres bloques; en primer lugar aquellas cuestiones relacionadas con el impacto que está teniendo ya la tecnología en la función interventora, donde, entre otros temas, se ha hecho referencia a cómo los avances tecnológicos están impactando ya en su tradicional tarea dentro de nuestras Administraciones; el papel del interventor en este proceso y el cambio de perfil de los habilitados.

Eva Delís, presentó la mesa recordando que hasta ahora, la fiscalización del gasto público dependía casi en su totalidad de procedimientos manuales y del criterio experto del interventor. Hoy, sin embargo, disponemos de herramientas digitales que permiten analizar grandes volúmenes de datos, detectar patrones de riesgo y agilizar tareas y funciones con una precisión que antes era impensable.
Entendió que esta transformación tecnológica tiene varias etapas: primero llegó la automatización básica: macros, plantillas, conciliaciones contables o registros automáticos.
Después, la robotización de procesos: bots que replican tareas repetitivas, como comprobar facturas, introducir datos, generar asientos contables. Luego, la automatización cognitiva e inteligencia artificial: algoritmos que clasifican expedientes según su nivel de riesgo o que generan alertas tempranas. Y todo ello descansa sobre un pilar: el dato, porque sin datos fiables, interoperables y trazables no hay tecnología posible. Como ha dicho algún autor, “sin gobierno del dato, no hay paraíso”.
Entiende que estamos en un escenario en el que conviven tres planos:
- La tecnología ya implantada, que ya usamos en el día a día (automatizaciones básicas, sistemas de gestión).
- La tecnología que se está desplegando (robotización, IA aplicada al riesgo, auditoría continua).
- Y la que está en el horizonte inmediato: agentes inteligentes capaces de redactar borradores de informes, diagramas de flujo o recomendaciones de auditoría.
El segundo bloque se ha centró en el impacto que está teniendo ya la tecnología en el control financiero, con ejemplos de avances tecnológicos y de aplicación práctica actual, y por último, en el tercer bloque, los retos actuales de los órganos de control, con referencia al papel de la IA, sin olvidar los riesgos, incluyendo los éticos. El cambio se produce muy rápido y está afectando a todas las actividades públicas.

Si algo quedó claro es que la transformación tecnológica está redefiniendo el control interno en las administraciones públicas y exige un nuevo perfil del interventor, más digital, analítico y participativo en la mejora de la gestión. Uno de mis auditores privados de referencia (Anthony Garnett) vienen insistiendo en la necesidad de que todos los auditores internos tengan una certificación de IA. Nos había dejado, hace ya un par de años, un interesante recado:
“Creo que muchos profesionales de la auditoría interna nos hemos acostumbrado a un período de relativa estabilidad que está a punto de llegar a su fin (..) Creo que la incomodidad va a ser el nuevo sentimiento para el resto de esta década”.

Volviendo a la mesa, por la naturaleza del ejercicio de las relevantes funciones públicas se consideró imprescindible avanzar en un marco normativo que otorgue seguridad jurídica a los controles automatizados y reconozca su validez dentro del sistema público. El uso de herramientas de machine learning o aprendizaje automático (subcampo de la inteligencia artificial que permite a las máquinas aprender y tomar decisiones sin ser programadas explícitamente) fue puesto de ejemplo por Ismael García Cebada para iniciar una vía de análisis en las grandes bases de datos como las que IGAE tiene con la Base Nacional de Subvenciones o la propia Plataforma de contratación.

Cristina Perea mencionó, como soporte normativo, la Disposición adicional tercera de la Ley catalana 3/2023, donde se prevé la “Fiscalización previa automatizada” en los casos en que los sistemas informáticos den seguridad jurídica a lo establecido por la normativa y a la correspondiente anotación contable que es realizada íntegramente por medios electrónicos, y, por tanto, sin la actuación de personal del Cuerpo de Intervención de la Generalitat, a quien encomienda la implantación y el seguimiento de esa fiscalización previa automatizada. Tambien mencionó la interesante experiencia de Castilla La Mancha impulsada por Matilde Castellanos.
La falta de recursos en los municipios pequeños no debe generar brechas tecnológicas, por lo que las Diputaciones deben liderar el soporte técnico, la formación y el desarrollo de soluciones comunes. El reto no es solo tecnológico, sino cultural y organizativo: integrar la innovación sin perder las garantías jurídicas que sustentan el control público.
Para cerrar, Eva Delís resumió brevemente las principales ideas que habían surgido del brillante panel:
La tecnología no sustituye al interventor, sino que redefine su papel, ayudándole a centrar el control en el análisis y la prevención, más que en la tramitación; transformándolo en un arquitecto de garantías públicas, dentro de un ecosistema digital basado en datos.
Eva Delís: «La transformación tecnológica exige un nuevo perfil del interventor (y su equipo), más digital, más analítico y participativo en la mejora de la gestión».
Para avanzar es imprescindible un marco normativo que otorgue seguridad jurídica a los controles automatizados y reconozca su validez dentro del sistema público, asi como el apoyo estratégico de las Diputaciones. El reto no es solo tecnológico, sino cultural y organizativo: integrar la innovación, con criterio y responsabilidad, sin perder las garantías jurídicas que sustentan el control público.
El futuro del control dependerá de que el interventor lidere este cambio, combinando conocimiento, ética y visión, para que la tecnología se convierta en una aliada de la transparencia, la eficacia del control y la buena gestión, para que la innovación esté siempre al servicio del interés público.

La jornada terminó con el habitual reconocimiento a una trayectoria profesional del sector. Un entrañable acto, justo antes de la clausura, del que fue merecedor el Interventor General de la Diputación de Sevilla, Eduardo López Vitoria, tras cuarenta años de ejercicio como habilitado y «un compromiso inquebrantable con la función interventora y una constante dedicación al fortalecimiento del control interno en las administraciones locales».
El galardonado,nen unas breves palabras de agradecimiento, tuvo un recuerdo para su amigo Juan Raya, Interventor de Jerez fallecido durante la pandemia de COVID, con quien compartió muchas horas de trabajo desinteresado y colaboró en materiales para las guías de fiscalización tan necesarias para tramitación de los expedientes.
El congreso terminó pero aun quedan materiales por publicar en esta bitácora. Así que … seguiremos informando.



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