Chorreo a los auditores internos

Hoy se hacían públicos dos interesantes informes sobre la auditoría interna. En el primero, la Oficina Nacional de Auditoría (NAO) del Reino Unido presentaba un duro documento sobre la eficacia de la auditoría interna en la Administración Central, tanto en los principales ministerios como sus organismos dependientes.

Por otra parte, el diario Expansión divulgaba, en su edición de papel, el Estudio sobre el estado de la profesión de auditoría interna-2012 elaborado por PricewaterhouseCoopers (PwC) tras entrevistar a 1.530 directivos, repartidos -casi a partes iguales- entre auditores internos y ejecutivos de compañías privadas de 16 sectores y 64 países. Los resultados no dejan lugar a dudas: más de la mitad de las compañías no está satisfecha con su propia gestión de los riesgos corporativos. Comencemos por este estudio. 

¿Se están cumpliendo las expectativas sobre la función 
de auditoría interna?

La anterior pregunta es el subtítulo del informe de PwC.  La respuesta, en línea con las opiniones de los stakeholders, es que existen muchas áreas de riesgo a las que no se está prestando suficiente atención por la auditoría interna.

Si bien en las ediciones anteriores del estudio solo fueron analizadas las opiniones de los máximos responsables del equipo de auditoría de las compañías consultadas, para conocer sus respuestas con respecto a los retos más importantes del año en curso, la edición de este año amplía su alcance para incluir también a otros directivos, presidentes de Comités de Auditoría y miembros del Consejo de Administración.

“En un escenario de riesgos tan cambiante como el actual, la auditoría interna no puede  limitarse a reaccionar ante los acontecimientos; en su lugar, debe adoptar una mentalidad estratégica que tenga capacidad de respuesta ante los riesgos y que contribuya a ayudar a sus organizaciones a estar listas ante nuevas amenazas y oportunidades”.

 El informe concluye que el 47% de los ejecutivos ha afirmado que los riesgos de sus entidades están bien gestionados, en comparación con el 40% de los responsables de Auditoría Interna. Si se analizan los riesgos uno a uno (véase la página 12), se perciben algunas áreas en las que existe una discrepancia más pronunciada, en las cuales los ejecutivos han expresado una confianza bastante mayor que los responsables de auditoría interna. Una de las principales divergencias radica en la gestión de riesgos asociada al fraude 
y la ética, donde el 53% de los ejecutivos se siente cómodo con la gestión de riesgos efectuada por su organización, mientras que solo el 35% de los responsables de Auditoría Interna mantiene esa opinión.

A través de este interesante estudio, se comprueba que los auditores internos participan activamente en 
el equipo de dirección ejecutiva de sus entidades en el 80% de las compañías encuestadas que muestra unas prácticas de gestión de riesgos superiores y que obtiene unos resultados económicos mayores que los de sus homólogas. Sin embargo, en las compañías menos avanzadas, únicamente el 60% de los encuestados ha indicado que el responsable de auditoría interna participa y contribuye en las reuniones de la dirección ejecutiva. Este tipo de participación es, sin duda alguna, una parte integral de la percepción superior que se tiene del papel que debe desempeñar la función de auditoría interna, y que ha derivado en la designación de un responsable de auditoría que aporte plenas garantías a la organización en un puesto tan importante como ese.

Falta de recursos y conocimientos especializados

Muchos de los responsables de auditoría entrevistados consideran que el mercado actual no es capaz de satisfacer la demanda de personal con una profunda, variada y especializada gama de habilidades como la que se requiere para abordar las cuestiones complejas a las que se enfrenta
la organización, “que va desde el cumplimiento de un gran número de regulaciones multijurisdiccionales, hasta la resolución de amenazas ingeniosas a la seguridad y privacidad de los datos de la organización”.

Las exigencias de estos nuevos riesgos también están cambiando el mix de habilidades requerido. Aquí el estudio sugiere aprendizajes del tipo “auditor invitado” que se integra 
en el equipo de auditoría interna, aportando e intercambiando -durante un tiempo- conocimientos relevantes a un área en particular, incrementando la capacidad colectiva de todo el equipo.

En definitiva, se les pide que afronten de lleno el desafío 
que supone la escasez de recursos
 y de talento, y que no limiten el alcance de las auditorías internas a la capacidad existente en materia de recursos o a su base de habilidades. Por el contrario, que aprovechen 
las capacidades organizacionales y:

adquieran nuevas capacidades, de forma que el equipo de auditoría interna pueda actuar cuando sea necesario, acudiendo allá donde estén apareciendo los riesgos en este momento y no donde estaban el año, el mes o la semana pasada”.

Un interesante estudio cuya lectura es obligada para todos los relacionados con el control interno de las organizaciones, tanto públicas como privadas.

Varapalo al órgano de control interno británico

El informe de la NAO se resume: “el Gobierno no está recibiendo el máximo provecho de los 70 millones de libras gastados en la función de auditoría interna, porque el servicio no siempre se centra en las cuestiones apropiadas y con frecuencia su calidad no es suficiente para ser útil en la toma de decisiones”.

El Ministerio de Hacienda de Su Majestad cuenta con unos 1.000 miembros auditores internos en 400 organizaciones estatales. El informe no trataba de establecer la eficacia de cada uno de los equipos de auditoría interna, sino más bien para evaluar si la auditoría interna en general, ofrece un servicio eficaz para el gobierno.

 De acuerdo con el informe, los Presidentes de los Comités de Auditoría y otros altos ejecutivos esperan más de su servicio de auditoría interna. Si bien el 84 por ciento de los encuestados por la NAO reconoce el valor añadido de la auditoría interna como parte sustancial de su organización, manifiestan cierta preocupación sobre la profundidad actual de sus conocimientos, la pertinencia y la ejecución del trabajo de auditoría interna. Muchas partes interesadas consideran que la labor de auditoría interna no está suficientemente adaptada para ser relevante en las distintas cuestiones que enfrentan las organizaciones individuales.

Hay áreas específicas, según la NAO, en las que la auditoría interna podría ser más eficaz. Los usuarios de la auditoría interna identificaron las lagunas particulares en áreas tales como la utilidad y pertinencia de los informes, la experiencia del personal, incluidos los conocimientos técnicos sobre los sistemas de información basados en las TI, la identificación de la eficiencia en la organización y la capacidad de ofrecer asesoramiento a la alta dirección. Algunos -el 40 por ciento de los stakeholders – planteaban que se necesitaba alguna mejora sustancial en la experiencia o profesionalidad de la auditoría interna.

Ojos y oídos de la organización

Recuerda la NAO que, por depender directamente del servicio central la auditoría, deben ser capaz de proporcionar una información sincera y clara, “sin dejarse influenciar por otros altos funcionarios que buscan gestionar el mensaje”. Al hacer este trabajo, la auditoría interna tiene la responsabilidad de actuar como los “ojos de los y oídos contables” de la organización, aportando una visión independiente que mejore la gestión de los riesgos.

Expectativas poco claras

Las revisiones de los planes de auditoría interna indican a la NAO que hay poca coherencia en la aplicación de las normas por la auditoría interna. Los entrevistados confirman que, en algunos casos, no hay demasiado énfasis en la auditoría de los riesgos de alto nivel a que se enfrenta la organización. En otros casos, la auditoría interna es vista como la auditoría de bajo nivel de procesos y procedimientos sin tener en cuenta cuestiones más estratégicas. Aunque no existe un “modelo único” del programa de trabajo, la NAO considera que no están lo suficientemente adaptados a la relevancia de los diferentes problemas con que enfrentan las organizaciones individuales.

Mejor y mayor formación

La encuesta encontró que el 41 por ciento de los stakeholders pensaba que se necesitaba alguna mejora sustancial en la experiencia o profesionalidad de la auditoría interna. Para la NAO es de esperar que el personal de auditoría interna tenga habilidades y competencias profesionales para llevar a cabo rigurosos trabajos de auditoría interna de alta calidad y la capacidad de reconocer esa necesidad y el apoyo especializado cuando sea necesario. También deben tener esas habilidades para influir en sus colegas de alto nivel sobre la base de la pertinencia y la credibilidad de su trabajo.

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Antonio Arias Rodriguez

Síndico de la Sindicatura de Cuentas del Principado de Asturias

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