La sociedad desorientada

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Ayer, el decano de la prensa española, El Faro de Vigo, entrevista a nuestro jubilado colega y buen amigo, Jesús Graña Nogueiras, con ocasión del pregón de la Semana Santa en su villa natal: Cangas del Morrazo, en plena ría de Vigo. El periodista presenta un destacado donde se lee: “Va a ser difícil salir de la crisis, nunca volveremos a 2006”.

Las atinadas reflexiones de este economista y miembro del Consejo Social de la Universidad de Vigo (donde fue Gerente y jefe del servicio de Control Interno y cuya larga experiencia cuenta aquí) sobrepasan el pregón religioso, para recordarnos, con gran contenido social, que venimos de “una generación de la escasez, pero unida”.

El asunto me ha hecho reflexionar (¡premio, Suso!) sobre el modelo económico y social en que vivimos. Acabo de leer a José Manuel Cruz Barragán, en su reciente libro La economía estresada (Amarante, 2017, 270 páginas y 25 euros) que opina también, que el futuro no va a ser, en ningún caso, el pasado resucitado:

Las crecientes desigualdades sociales originadas durante el periodo en que ha estado vigente el paradigma neoliberal, los altos niveles de endeudamiento que aún soportan las familias y la falta de expectativas para las generaciones más jóvenes son elementos adicionales que alimentan el descontento y la frustración.

El autor, consultor empresarial, entiende que nuestras circunstancias han cambiado tanto que nos obligan a cuestionar las ideologías tradicionales. Las décadas de los 50 y 60, recuerda Cruz, estuvieron caracterizadas por un fuerte crecimiento económico, aumentos de productividad por la expansión industrial y una distribución más igualitaria de la renta. Cuando los avances de productividad se fueron moderando, porque dejaron de aparecer innovaciones tecnológicas de gran calado, las tasas de crecimiento empezaron a reducirse. Llegaron las primeras crisis.

Los años 90 se caracterizaron por la caída de los precios del petróleo y la creciente apertura comercial lo que con la introducción de avances tecnológicos relacionados con la informática y la telefonía móvil solo ayudaron a retrasar lo inevitable, pues ni la inversión ni la productividad experimentaba un aumento sustancial. Además, la política monetaria expansiva y la espiral diabólica de los precios de los inmuebles acabaron en el conocido estallido de la burbuja, que José Manuel Cruz describe a la perfección en los primeros capítulos de su libro.

Hoy, aunque se crean empleos, hay una tendencia en todo el mundo occidental: el porcentaje de empleados sobre la población total no hace más que descender y los empleados representan un porcentaje cada vez menor de la población total en Estados Unidos y Europa. Es un hecho que estas circunstancias han generado un profundo malestar social, que se ha traducido en el aumento de las perspectivas electorales de los indignados, pero también en el Brexit del Reino Unido o la victoria de Donald Trump. José Manuel Cruz reconoce que las propuestas para reforzar el estado de bienestar no explican con consistencia cómo será posible conseguir la financiación necesaria para ello, partiendo del enorme volumen de deuda pública acumulada por los gobiernos.

Evitar la revuelta ciudadana

El doctor Juan Ramón Rodríguez Fernández, profesor universitario y técnico de la Escuela Adolfo Posada de formación de empleados públicos asturianos, nos sorprende con unas oportunas reflexiones sobre el tema en su brillante ensayo “Entreteniendo a los pobres: una crítica político ideológica de las medidas de lucha contra la exclusión social” (Bomarzo, 2016, 134 páginas y 15€). Nos recuerda que en España hay 13 millones de pobres, un desempleo estructural superior al 20% con altos niveles de precariedad en todos los sectores ¿Qué mecanismos ha articulado el discurso neoliberal para gestionar estos niveles de pobreza, desigualdad y precariedad? Pues que el Estado debe ser un ente neutral y orientado a la administración técnica de los recursos, a racionalizar el gasto público y a la eficiencia. En los últimos años, la Nueva Gestión Pública se caracteriza por la orientación al cliente, la reducción del sector público, una mayor autonomía y descentralización de las agencias, la entronización de la cultura de la evaluación y la auditoría, y una mayor flexibilidad laboral.

Se asume que la sociedad civil tiene que organizarse en base a las reglas del libre mercado, al impulso de la iniciativa privada o emprendeduría y donde la educación asume un papel en las políticas sociales de lucha contra la exclusión con énfasis en la responsabilidad individual, en la empleabilidad y consolidación de procedimientos de intervención burocráticos, caritativos y punitivos. Estos son, para Juan Ramón Rodríguez, algunos de los rasgos que caracterizan el discurso humanitario neoliberal sobre la pobreza.

En el contexto español, las medidas de lucha contra la exclusión más destacadas son los programas de Rentas Mínimas de Inserción, establecidas en algunas CCAA desde los años 90, en cuantía variable según las características de la unidad familiar (unos 400€) para cubrir las necesidades básicas e incorporando la exigencia de realizar actuaciones de inserción laboral. Para Juan Ramón Rodríguez, estos programas ejemplifican la política social neoliberal y únicamente tratan de poner parches al problema, pues tienen un carácter asistencial y son medidas dirigidas a colectivos y no al conjunto de la población, contribuyendo de esta manera a la estigmatización de las personas beneficiarias. Además tienen un efecto en términos de redistribución de la riqueza muy limitado, pues son un instrumento de asalarización de la pobreza dirigido más bien a evitar una revuelta de la ciudadanía ante este problema social. Hé aquí la situación actual:

El autor defiende, desde hace más de un lustro, la implantación de la Renta Básica. Un concepto que va mucho más allá de los programas de lucha contra la exclusión, al proponer una profunda transformación social, desde abajo a arriba, para el logro de una sociedad más igualitaria y con mayores cotas de libertad real positiva para toda la ciudadanía. Su puesta en marcha conllevaría grandes cambios y transformaciones en nuestras sociedades aunque mantiene que no se trata de una propuesta irreal o utópica, ya que diversos estudios técnicos defienden su viabilidad. Volveremos sobre el tema en otro momento, pero al menos dejamos apuntado aquí lo que es, al día de hoy, uno de los debates más importantes en materia política y social.

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