¿Trabaja usted con alguien que nunca aspira a un ascenso y no da ninguna explicación razonable? O bien de estilo de vida que parece excesivo para sus ingresos; que acapara información y despacha a solas con los proveedores. Ese empleado melodramático y arrogante; incluso agresivo cuando es desafiado, parece infeliz en el trabajo y poco innovador, que se rodea de incondicionales pero nunca delega y rara vez toma las vacaciones enteras … Es la radiografía de un defraudador.
El estudio de KPMG titulado ¿Quién es el defraudador típico? (Who is the typical fraudster?), contiene un análisis de 348 casos investigados en 69 países desde 2008 hasta 2010, en el que se identificó al defraudador típico como:
Un varón de 36 a 45 años de edad, que ejerce desde hace más de 10 años un puesto de alta gerencia en el área relacionada con las finanzas y que normalmente trabajaría con un cómplice.
Como ocurre en estos casos (a toro pasado) el 56% de los fraudes investigados había emitido una o más señales de alarma que deberían haber llamado la atención de la dirección, pero sólo se actuó en el 10% de los casos antes de requerir una investigación completa.
El informe identifica algunas características del defraudador:
- Se comporta de manera voluble y dramática, arrogante y con una actitud de confrontación o agresividad al ser cuestionado
- El desempeño o habilidades de los nuevos empleados en su unidad no reflejan experiencia anterior consignada en sus currículum vitae
- Falta de confiabilidad y propensión a errores y bajo rendimiento, con una tendencia a hacer trampas y / o romper las reglas, pero intentando evadir la culpa y la responsabilidad por sus errores
- Infeliz, al parecer estresado y bajo presión, mientras acosa e intimida a sus colegas
- Rodeado de «favoritos» o empleados que no cuestionan su comportamiento.
- Los vendedores /proveedores sólo aceptan tratar con este individuo, quien también puede aceptar generosos regalos que resultan excesivos o contrarios a las normas corporativas
- Persistentes rumores o indicios de malos hábitos personales, vicios, posiblemente con un estilo de vida que parece excesivo para sus ingresos o, aparentemente, excedido en sus finanzas personales
- Autointeresado y preocupado por su propia agenda, y con oportunidades para manipular sus recompensas personales
Estas conductas no identifican al defraudador pero son una buena pista. Todos conocemos empleados con alguno de estos comportamientos y no por eso son sospechosos de nada. Si trabajan en el área de compras o tesorería y, por ejemplo, “viven por encima de sus posibilidades”, la Dirección General de turno debería de saberlo y supervisar su trabajo de una manera más minuciosa. El asunto es… ¿Cómo pueden conocer los jefes esos indicios? Pues facilitando la delación con el riesgo de fomentar la insidia y la calumnia. Menudo tema.
Denuncia
Ya hemos hablado en esta bitácora del debate producido en EEUU para regular la denuncia recompensada. Esto nos lleva a un debate histórico en el sector público español: la denuncia anónima. En Latinoamérica no sólo está permitida sino que está fomentada. Paseando por la calle puedes ver en los laterales de los autobuses urbanos anunciado el teléfono gratuito donde realizarla.
En el conocido Caso Palau, consta en el sumario que Hacienda ignoró, en 2002, una denuncia anónima que advertía del saqueo de la institución catalana y de la doble contabilidad que llevaba el principal inculpado. No se investigó su contenido por «su carácter anónimo, su falta de justificación, así como su escasa trascendencia fiscal», recuerda el entonces Delegado de la AEAT en Cataluña.
En España, el Tribunal de Cuentas no admite denuncias anónimas. La Agencia Tributaria mantienen en su portal institucional un ventanilla de “denuncia tributaria” que exige DNI y/o certificado electrónico. No es anónima sino reservada. De la misma manera, la web policía.es incluye una pestaña de la Oficina Virtual de Denuncias, tanto por internet como por teléfono, que deben ser ratificadas y firmadas en la comisaria de nuestra elección, dentro de las próximas 48 horas. Es muy útil para los robos de vehículos dónde la inmediatez es importante y está permitido expresamente para las “estafas”. Lo más interesante es que entienden no sólo el español, sino el ingles, el alemán, el francés y el italiano. También encontramos una pestaña de colaboración ciudadana que debe ser ratificada y firmada posteriormente. Por lo tanto, no admiten denuncias anónimas.
Sin embargo, la prensa recoge con cierta frecuencia la existencia de este tipo de denuncias en muchos ámbitos (sobre todo en los casos de corrupción urbanística) y no falta quien considera necesario un serio debate para su regulación y admisión. En principio, nada impide que “un soplo” de a conocer una información relevante y excite el celo de un funcionario en una determinada línea de investigación o fiscalización. Pero también podría no hacerlo.
Para terminar os presento una experiencia del mundo local, que demuestra que, en este asunto, se puede esquivar la ausencia de marco normativo. Se trata de la policía local de la localidad canaria de La Guancha, donde llegué a través de google buscando experiencias de denuncias anónimas. Parece un buen experimento para recopilar información menor en una comunidad pequeña y quizás por eso es tolerado.

Una versión de este artículo fue publicada en La Nueva España.


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