Improvisación planificada

Con alguna frecuencia se divulga por los medios de comunicación el arriesgado aterrizaje forzoso en alguna autopista norteamericana. Surgen entonces los elogios, sin duda merecidos, a la pericia del piloto. Entonces no puedo evitar recordar aquello de que no hay mejor improvisación que una buena planificación. Las autovías interestatales de EEUU, según una ley federal, están obligadas a mantener una milla recta de cada cinco ¿La razón? Para uso en casos de emergencia por los aviones. También deben diseñarse para facilitar la evacuación en un solo sentido ante huracanes tropicales en grandes ciudades.

La teoría del cisne negro es una metáfora que describe un suceso de gran impacto y sorpresivo (para el observador) que, una vez pasado, se analiza por retrospección parece realmente predecible. Manuel Conthe ha hecho alguna crónica deliciosa sobre el asunto. El diario El País titulaba recientemente “La pandemia que todos sabían que iba a llegar y nadie supo parar”  recordando que en febrero de 2017, Bill Gates ya había advertido de que, “sin medidas drásticas, un patógeno que se contagia por aire y se mueve rápidamente podría matar a más de 30 millones de personas en menos de un año”. En fin, que todos lo habían advertido.

Desde instancias oficiales, la GAO norteamericana ya alertó durante la pasada década, que las pandemias eran una de las grandes amenazas para la seguridad nacional, como podemos comprobar en esta entrada del blog en 2008. En 2005, la GAO afirmaba: “Los estudios de modelos sugieren que su efecto en los Estados Unidos podría ser grave, con una estimación del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) que van desde 89,000 a 207,000 muertes y de 38 millones a 89 millones de enfermos”. Más recientemente, el 3 de marzo de 2020 hacían público este interesante informe donde invita a una mayor coordinación por parte de la industria, la universidad y el gobierno para de tratamiento de futuros brotes.

Necesitamos aprovechar las lecciones que ahora estamos aprendiendo para estar listos en la próxima crisis.

Para terminar con el inventario de avisos, ya vimos unas entradas antes que una pandemia como la actual era esperada ya desde 2009, de acuerdo con los informes de inteligencia USA (Ver aquí pág. 43) en estos términos:

«El desafío sanitario transnacional más apremiante que enfrenta Estados Unidos sigue siendo el potencial de una pandemia grave, y el causante más probable sería un virus gripal altamente letal».

El periodista Leontxo García en un duro artículo realiza todo un inventario de razones de tanta omisión que debería hacernos reflexionar. Por último, el eminente profesor Felix Lobo aporta un interesante repaso al por qué nos costó tanto prevenir y reaccionar:

Las anteriores emergencias internacionales de salud pública o no resultaron tan temibles (como la gripe aviar de 2009), o nos parecieron exóticas: poliovirus salvaje y Ébola en 2014, Zika en 2016 y de nuevo Ébola en 2019. Nos olvidamos erróneamente de la globalización y de que ya no es lejano el Oriente. Ahora está a pocas horas, volando en aviones que trasladan a cientos de miles de personas en una semana … vivíamos convencidos de que la ciencia, la tecnología y la medicina podían resolver cualquier problema en un abrir y cerrar de ojos … Admitámoslo: la sociedad en su conjunto estaba poco concienciada.

Digitales por inmersión

Y aquí hemos llegado El mundo ya giraba alrededor de internet, pero ahora ha entrado definitivamente y de improviso en el siglo XXI.  Estamos descubriendo que el teletrabajo es posible en la mayoría de los casos. La educación en casa ha pillado por sorpresa tanto a las familias como a los profesores. En fin, todos vamos capeando el temporal como se puede.

Durante el confinamiento han surgido muchas interesantes iniciativas de formación en remoto que están consolidando un interesante cambio de paradigma. Presiento que la futura enseñanza universitaria ya no va a ser lo mismo. Como recordaba ayer el ministro Castells en La Vanguardia, hemos entrado de lleno en una sociedad digitalizada en la que ya vivíamos pero que no habíamos asumido.

El mundo ya giraba alrededor de internet, pero ahora hemos entrado de improviso y definitivamente en el siglo XXI.

Esta semana tuve la oportunidad de seguir las magníficas ponencias on line que la Asociación para el Progreso de la Dirección (APD) desarrolló (en abierto: ¡gracias!) sobre diversos aspectos de la gestión de la actual crisis. Acostumbrado como estoy a escuchar sólo directivos públicos, lo realmente interesante fue escuchar a ejecutivos de empresas hablar sobre problemas reales de sus empresas.

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