Dia internacional contra la corrupción

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Sobornos y medio ambiente La semana pasada, Transparencia Internacional (TI), la organización no gubernamental que lidera la lucha contra la corrupción en todo el mundo, dio a conocer su 19 º Índice anual de Percepción de la Corrupción. El índice de este año agrupa 177 países según sus niveles percibidos de corrupción del sector público, ofreciendo un ranking anual del grado relativo de honestidad, obtenido mediante 13 encuestas correspondientes a evaluaciones de expertos así como las opiniones de los ciudadanos, de los empresarios y de muy diversos colectivos. El capítulo español de TI presentó en castellano las principales conclusiones del estudio y la prensa recogió sobradamente la posición relativa de España en el contexto mundial, así que hoy, Día Internacional contra la corrupción, queremos presentar la otra cara del fenómeno. El corruptor.

El soborno

Un anterior informe de TI (julio de 2013) estima que una de cada cuatro personas pagaron algún soborno en el último año, según una encuesta entre 114.000 ciudadanos de 107 países.

Sobornos-a-Generales-FrancoEl soborno está muy extendido en todo el mundo, incluso el transfronterizo. Es ilegal y perjudicial para el progreso económico o la estabilidad social; pero, al mismo tiempo –ese es el problema- aporta beneficios económicos inmediatos a la empresa que consigue un contrato o evita “burocracia gubernamental”, sobre todo cuando se trata de exportar. Se ha venido produciendo -y combatiendo- a lo largo de la historia y no siempre los caminos y los protagonistas son predecibles. Podíamos intuir lo que desveló hace unos años la Comisión dirigida por Paul Volcker para la ONU:  que más de 2.000 empresas habían pagado sobornos al régimen de Sadam Husein. Otras requerían algo más de imaginación y ahora que se han desclasificado muchos documentos de la segunda guerra mundial, sabemos que Churchill sobornó a media cúpula militar golpista del General Franco para evitar la invasión de Gibraltar.

Situación actual

En España, tras la reforma de nuestro código penal, hace ya tres años, se ha reconocido la responsabilidad de la persona jurídica que puede acarrear cuantiosas multas, el cierre o la imposibilidad de contratar con la Administración. Una realidad que cuenta con un siglo de tradición en EEUU y que responsabiliza penalmente a las sociedades por los delitos cometidos en su nombre o provecho, por sus representantes legales y administradores o sus subordinados si no ejercieron sobre ellos el debido control. Esto nos lleva al término inglés de boutique jurídica: “Corporate Compliance”, es decir, la obligación a las empresas de implantar medidas de control interno o protocolos de prevención de delitos así como un sistema eficaz de supervisión que garantice su cumplimiento y que ha dado lugar a la aparición, en la grandes compañías, de la figura del compliance officer.

¿Son realmente necesarios estos nuevos conceptos? En un reciente artículo, el profesor George Serafeim (Harvard) divulgaba los resultados de una amplia investigación sobre el impacto de la detección de casos de soborno en la competitividad de las empresas según la posición del corruptor, la forma como se detectó y la respuesta posterior de la organización.

Efectos del soborno

soborneLos resultados demostraron que el impacto más significativo de estas prácticas corruptas  se produce en el ánimo o la moral de los empleados, seguido de las relaciones comerciales y la reputación y, por último, en las relaciones con los organismos reguladores.

Así, evaluó la experiencia de los servicios forenses las grandes compañías auditoras mundiales, entre 2009 y 2011. Un 10% de los anónimos encuestados (cerca de 500 empresas) informaron de que habían experimentado algún incidente de soborno al hacer negocios en países infames como Rusia, Ucrania o Sudáfrica. Eso si, los ejecutivos corruptores pertenecían a países limpios como Australia, el Reino Unido o los Estados Unidos. Primera conclusión: la idea de que el soborno no existe en el mundo desarrollado es un mito. Es un fenómeno global que se da en diferentes grados, en todo el mundo.

La encuesta planteada incluía algunas preguntas hipotéticas así como otras sobre su propia experiencia: cómo creía que la detección de un cohecho afectaría a su empresa o si había ocurrido, cómo afectó el soborno realmente a la empresa.

En el primer caso – el ejercicio teórico- los entrevistados contestaron que la reputación de su empresa se vería afectada muy negativamente por el soborno, seguida del impacto por las relaciones comerciales, la moral de los empleados y las relaciones con los organismos reguladores.

Sin embargo, para aquellos encuestados que, en su vida profesional se habían enfrentado al problema, el ánimo de los empleados era, con mucho, el principal factor perjudicado por el soborno. Y la moral de los empleados está directamente relacionada con el rendimiento de una empresa, incluidos los beneficios del mercado bursátil.

Clima laboral

Recientemente, la consultora Sirota encuestó a más de trece millones de trabajadores, en 840 empresas, sobre la moral de trabajo. Las empresas de alta moral (donde más del 75% de los empleados informaron de “satisfacción general con su compañía”) tenían un rendimiento bursátil anual bastante más alto que las empresas con informes de moral baja. Esas empresas de alta moral en promedio tuvieron en 2011-2012 una mejora del 15% en el precio de sus acciones, en comparación con un 4,1 por ciento de mejora anual entre las compañías de baja moral.

Concluye Serafeim que el soborno perjudica a la empresa aunque nadie se entere fuera de la organización y aporta una segunda lección para los directivos es :”el soborno es más costoso de lo que piensas”. Por otra parte, los resultados prueban lo que ya intuíamos: cuando un alto ejecutivo comete el soborno tiene mayor impacto que cuando lo perpetra un mando intermedio. Además, debemos admitir pacíficamente que las organizaciones establecen el nivel medio de honestidad de acuerdo con el comportamiento observado en la jefatura y, desde allí, sólo puede descender.

Cuando es detectado por los sistemas de control interno de la empresa (incluyendo denunciantes) tiene un impacto mucho menor que si lo descubren los reguladores externos. Esto nos lleva a una tercera lección: “las empresas que invierten en sistemas de control van a obtener beneficios“, dice Serafeim. Lo que no parece importar es el tamaño del soborno. “Soborno pequeño o grande es un mal negocio en el largo plazo”, sería la conclusión final.

Nada mejor que concluir esta entrada dedicada a la celebración del Día internacional contra la corrupción que una reseña de la brillante defensa de la Tesis Doctoral que Salomon Ribas, presidente del Tribunal de Contas de Santa Catarina (Brasil), realizó en la Universidad de Salamanca, dentro del Posgrado en Estado de Derecho y Gobernanza Global. Dirigida por el administrativista Pedro Nevado, en la foto ejerciendo su turno ante el Tribunal presidido por Nicolas Rodríguez e integrado por los doctores Pilar Jiménez Rius, Mario Moraes, José Antonio Chamorro y Roberto Fernandez Llera.

Salomao-PNevado-y-tribunal-tesis

Una versión de este artículo fue publicada en el diario La Nueva España., en el marco del Día Internacional contra la corrupción. Tambien se sumó el Magistrado José Ramón Chaves con el artículo “Razones y sinrazones del corrupto“.

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