
En Estados Unidos existe un órgano federal de control de los fondos públicos (hay otros para cada Estado) encargado de realizar auditorías financieras y de gestión, ayudando al Congreso en el análisis y en la evaluación de las políticas públicas.
Se trata de la Government Accountability Office (GAO) creada en 1921 y dirigida por un contralor general designado durante 15 años (no renovables) por el presidente de Estados Unidos. Cuenta con 3.200 funcionarios que se hacen llamar los «watchdogs», porque son como perros vigilantes del dinero público. Algo muy yanqui. En su sede central de Washington hay una tienda que vende todo tipo de artículos (tazas, cuadernos, camisetas….) con el dibujo canino.
Hace tres años que la GAO cambió su nombre original, pero mantuvo sus populares siglas. La oficina, que antes era de contabilidad (accounting) y ahora es de accountability, un término de difícil traducción castellana; una mezcla de responsabilidad y obligación de rendir de cuentas. Fue una evolución natural, pues la GAO ya estaba dedicando la mayor parte de sus recursos a auditar la gestión y no las cuentas. Se decían «evaluadores» y no «contables».
Recuerdo mi sorpresa cuando, el 20 de septiembre de 2001, tan sólo nueve días después de la destrucción del World Trade Center, la GAO difundía un informe urgente sobre la seguridad en los aeropuertos. Nada extraño porque, desde 1979, ofrece 531 informes sobre terrorismo en su página web ¿Quién dijo que la auditoría era aburrida?
En otro artículo hemos comentado dos informes, relativos a los controles de seguridad en aeropuertos extranjeros, uno de los cuales comprueba que existen importantes lagunas, donde los auditores obtuvieron componentes explosivos en las tiendas locales y a través de internet por menos de 150 dólares y comprobaron que su combinación con determinados elementos provoca una explosión. Y además, lograron burlar la seguridad de 19 aeropuertos norteamericanos introduciéndolos.
En otros informes, como uno de anteayer, encontramos un crítico análisis del conflicto de Irak, donde la GAO concluye atribuyendo al Gobierno Bush una falta de estrategia clara, sin integrar sus objetivos con los iraquíes ni la comunidad internacional. «Mientras nuestras tropas, valientemente, trabajan en condiciones difíciles y peligrosas, continúa la violencia y la polarización de la sociedad iraquí… disminuyendo las perspectivas de lograr la seguridad actual de EE UU».
¿Cómo es posible que los auditores lleguen tan lejos en su análisis? ¿Hacen política sin presentarse a las elecciones? La respuesta está en el presupuesto: a pesar de los miles de millones de dólares en fondos para la reconstrucción, los sectores de electricidad y petróleo iraquí requerirán decenas de miles de millones más para cumplir con sus metas de producción.
Esta misma semana, el Contralor General de la GAO, David M. Walker, compareció ante el Comité de Asignaciones del Senado de EE.UU. Las Agencias de prensa de todo el mundo se hicieron eco de sus declaraciones: «despilfarro y fraude endémico» de los fondos estadounidenses en Irak, en momentos en que se calcula que el coste de la guerra superará este año los cuatrocientos mil millones de euros. Unos sesenta y seis billones de nuestras antiguas pesetas.
Antes de continuar, quiero recordar que la gestión de los presupuestos del Departamento de Defensa norteamericano siempre han sido considerados de “alto riesgo” y nunca han logrado de la GAO una opinión favorable a sus cuentas anuales; pero la situación actual es muy preocupante y llevan 132 informes sobre la guerra en Irak. Un buen amigo y consejero de cuentas brasileño me advertía hace unos días: «los yanquis no fueron a Irak a llevarse el petroleo, ¡fueron a depredar el presupuesto de defensa!
Walker explicó que la mayoría del despilfarro no viola la ley, pero sí está vinculado con una mala gestión que deriva de falta de liderazgo firme, y «acciones indebidas o supervisión inadecuada» por escasez de personal.
El Comité también fue muy duro en sus conclusiones «miles de armas que Estados Unidos han enviado a las fuerzas de seguridad iraquíes han sido robadas o han ido a parar a grupos insurgentes que atacan a tropas estadounidenses». ?Citó como ejemplo el caso de 190.000 pistolas y rifles por los que el Gobierno iraquí no ha rendido cuentas. Además: «mientras tanto, los estadounidenses están pagando precios récord en las gasolineras».
Como puede verse, el dinero importa a los norteamericanos mucho más que la política. No es casual que los funcionarios de la GAO tengan otro apodo, también canino: «El mejor amigo del contribuyente».

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