
Los días 21 y 22 de febrero de 2008 la Oficina de Cooperación Universitaria (OCU) reunió, en la Universidad de Alicante, a 250 responsables universitarios para debatir los retos de la Europa del Conocimiento en la realidad de la Universidad Española, la implantación de los nuevos estudios y las tendencias del marco legislativo español, referidas a la estructura de las enseñanzas universitarias superiores. Patrocinan, como viene siendo frecuente en los eventos universitarios el Banco Santander y Oracle.
Se trata del I Foro de Gestión Académica en las Universidades (I FORAC) en el que he reencontrado a muchos representantes de universidades españolas e iberoamericanas (República Dominicana, Ecuador, Colombia, Venezuela y Chile) y algunos bueno amigos.
La inauguración del acto corrió a cargo del Gerente de la Universidad alicantina, Rafael Carrillo, el vicerrector Faraón Llorens y Miguel Angel Pavón, Consejero Delegado de OCU (en ese orden en la foto). Todos hablaron de las necesidades tecnológicas del Espacio Europeo de Educación Superior, que dé solución a la movilidad y el reconocimiento mutuo «en cualquier sitio y en cualquier momento».
Pavón, recordó que presenciamos unos cambios tecnológicos radicales. La Universidad está perdiendo el monopolio del conocimiento aunque se mantiene el de los títulos. «Ya no podemos vivir del Beatus Ille«, recordó en frase a la que pareció no dar importancia pero que me pareció brillante, representativa y que adopto para este artículo. Habló de la reconversión de la enseñanza magistral, del acercamiento de la Europa latina a la anglosajona, de la agonía y evolución de la Universidad, como crisis que debemos superar, de nuestros competidores: las universidades corporativas, transfronterizas.
Este proceso está en construcción en 46 países, aunque están todos los miembros de la UE. Ah! Los estudiantes son muy críticos, en parte por desconocimiento y en parte porque creen que se mercantiliza la universidad. Todo esto es conocido, pero es justo recordarlo. El pasado 15 de febrero culminó el plazo para que las universidades españolas presentasen su oferta de títulos de grado de cara al próximo curso 2008/09, con un balance discreto.
El primer conferenciante fue Guillermo Barnabeu, ex-vicerrector alicantino y ahora asesor de la DG Universidades, que señaló la transparencia como la característica básica del proceso. «No importa tanto el nombre del título o las materias, cursadas sino qué sabe el graduado: «No se busca homogeneidad sino compatibilidad con respeto a la diversidad, con garantía de la calidad en los títulos, para que tengan validez en toda Europa». En ese sentido, el registro Europeo de Agencias de Calidad es fundamental y el 4 de marzo se constituye la persona jurídica que dará soporte a ese control sobre las agencias nacionales. Hay alguna resistencia natural a este avance.
Respecto a la supresión del catálogo de títulos, calíficó la medida de «esencial», terminando con una situación única y anacrónica en Europa, donde prima la garantía de la calidad, la acreditación y la empleabilidad. Puso dos ejemplos: primero el carácter público de los registros de títulos, que permite comprobar fácilmente en la próxima década la posesión efectiva. Otro ejemplo: el «trabajo fin de grado» que pasa a ser obligatorio en todo tipo de grados universitarios para apoyar la vertiente práctica de los estudios.

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