
¿Existe un «gen emprendedor»? La pregunta es fascinante para la ciencia y ha sido objeto de bastantes estudios durante los últimos años para concluir que la genética influye de forma indirecta principalmente a través de rasgos de la personalidad y la predisposición a ciertos comportamientos.
Lo cierto es que quienes impulsan muchas iniciativas poseen determinadas características y que la propensión a emprender tiene una química cerebral (cortisol, dopamina) que favorece ciertos perfiles que tienden a la búsqueda de la novedad y toleran mejor la incertidumbre. El resto depende del entorno, como la educación, la experiencia profesional y, simplemente, estar en el lugar adecuado en el momento oportuno.
En definitiva, más que un gen, lo que define a estas personalidades es una combinación de actitud y hábito. También una ligera ventaja en la propensión a asumir riesgos, pero es la experiencia, la necesidad o la vocación lo que termina encendiendo la chispa del proyecto.
En la Universidad Pública española, el profesor tiene desde hace siglos asignada como principal función la docencia. Asistimos a una tendencia global que lleva décadas priorizando la investigación y las publicaciones en revistas de impacto (los famosos papers) como el único termómetro del éxito académico. Sin embargo, un selecto grupo de académicos (pocos en cada disciplina) ejercen una misión que combina liderazgo, energía, credibilidad, empatía para inspirar a un equipo, así como una predisposición mental a estar continuamente escaneando el entorno para detectar desajustes en su materia, ineficiencias o necesidades no cubiertas que otros pasan por alto, y pensar inmediatamente en cómo solucionarlas. Son los profesores emprendedores, que lejos de la observación tranquila o de la inercia en la legítima reflexión académica, tienen la pasión y las habilidades para transformar una idea abstracta en una iniciativa real. Insisto, son una perla del mercado universitario que además es altamente contagioso para sus colaboradores inmediatos.

Es el caso de José María Gimeno Feliú, catedrático de derecho administrativo de la Universidad de Zaragoza, que lleva décadas organizando seminarios en una materia tan poliédrica y llena de aristas como la contratación pública, de las que solemos dejar constancia en esta bitácora. Diríamos que ha creado una verdadera escuela que incluye a otros catedráticos, profesores, doctores, doctorandos y profesionales de las diversas facetas de la gestión o el control público, jurídico y económico, nacional e internacional.
Su joya puede que sea el seminario de Panticosa, que lleva 25 años convocando en la Alta montaña aragonesa a un centenar de personas interesadas en la contratación pública. En esta edición, el Observatorio de contratación y la Universidad de Zaragoza, con el apoyo de la cátedra de contratación pública del Ayuntamiento de Zaragoza y la cátedra de proyectos e inversiones estratégicas de Aragón logran que esta actividad de recogimiento, convivencia y alta reflexión tenga un elevado impacto entre los estudiosos de la materia, en sus más diversos perfiles, insisto, que contribuye a enriquecer los debates y las ideas. Una cumbre en varios sentidos.
El programa de este año, que contribuyen a su celebración como patrocinadores: SANOFI, SANDOZ, Kalaman, e Yksios Digital Growth, adquiere una relevancia extraordinaria al celebrarse en pleno proceso de revisión del marco normativo europeo y en un escenario macroeconómico y geopolítico condicionado por profundas incertidumbres. Hoy abrió la jornada Alfonso Peña Ochoa, gerente actual de la Universidad de Zaragoza y anterior presidente de la Cámara de Cuentas de Aragón.

Gimeno no elude ninguna de las misiones universitarias pues es, además, un gran divulgador a través de la prensa nacional o regional. Entre sus últimas aportaciones, en el Heraldo nos deja la semana pasada unas interesantes reflexiones sobre la indebida utilización de la contratación pública como instrumento de fidelización de redes clientelares y de captación, mediante comisiones ilegales, de fondos para financiar actividades políticas. Termina pidiendo “un cambio cultural, impulsado de forma activa por la sociedad civil (aprovechando la inercia del excelente ejemplo de cuerpos de seguridad y autoridades judiciales, que merece todo nuestro reconocimiento), para recuperar el espacio de la gestión política limpia. Lo que puede ayudar a corregir el actual gap entre ciudadanía e instituciones públicas y para asentar el modelo institucional cimentado sobre el buen gobierno y la buena administración que son el alma de cualquier decisión pública.”
Seguiremos informando desde el Pirineo aragonés


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