Ventajas de hacerse mayor

El Rector de la Universidad de Salamanca, Ricardo Rivero, virtual en mi comida de jubilación

Dicen que hacerse mayor supone perder la perspectiva ingenua de la vida. Aquello del optimista bien informado -gracias a la experiencia- que se vuelve poco a poco un pesimista. Es una pena porque la felicidad abunda en la esperanza. Un escenario que va evolucionando en los últimos años de la vida profesional y que influye en todas las facetas de la madurez personal. De eso y de nuestro sistema público de pensiones quiero escribir hoy, con ocasión de mi jubilación de las Universidades de Oviedo y UCLM (Master Auditoría del Sector Público) y de las fiestas que he disfrutado con amigos y compañeros para celebrarlo.

Frente a la crítica superficial (el edadismo) mi percepción es que la gente te perdona los errores de la edad. Es cierto que recoges lo que has sembrado, pero en general, las relaciones laborales de la madurez incorporan cierta tranquilidad de espíritu cuando se acerca la jubilación. La legislación actual, intentando su sostenibilidad global, ha dejado margen para hacerla efectiva incentivando su retraso. En ese intervalo, dejas de ser competidor a medida que se acerca tu fecha de caducidad, sobre todo en la Administración donde la experiencia prima. Solía bromear mi comandante en la mili -hoy mi amigo Paco Alamán- que sólo creía en Dios y en la antigüedad; y en Él porque era el más antiguo.

Con la pérdida de facultades te haces más indulgente (con los demás y contigo mismo) y con tendencia a evitar conflictos por nimiedades. Quizás porque usas más el sentido común como técnica de resolución. Los romanos lo definían “auctoritas frente a potestas”. El problema es que también podemos hacernos más cascarrabias; una de mis películas favoritas es “Descubriendo a Forrester”, sobre la relación de un humilde chaval negro con su veterano mentor, que es un quisquilloso vecino escritor. Entrañable aunque llena de tópicos.

Con mis amigos Suso Graña (Uvigo), Lourdes Bernal (La Ley), JR Chaves (Delajusticia.com) y Ana Caro (UAM)

Si has nacido en la década de los cincuenta, como yo, te habrás dado cuenta de que empiezas a olvidar los nombres. Lo peor es cuando te encasquillas en un saludo y ese minuto se hace eterno, tras un cariñoso abrazo. En los congresos sufro lo mío, sobre todo si vas en grupo y procede presentarlo a tus acompañantes más jóvenes. Yo uso la clásica técnica de intentar ganar algún tiempo contando una anécdota conjunta hasta que llega la inspiración, alterando el orden natural de la introducción. Curioso que sepa tantas cosas de él, pero no recuerdas su nombre.

Puse en Google el título de esta tribuna (una de las raras veces en que decido el contenido tras el rótulo y no a la inversa) y me aparecen agencias de viajes a tutiplén. Es cierto que por el precio de unas tapas puedes viajar a cualquier capital mediterránea en miércoles. Eso sí: con antelación. Tiempo libre, en efecto. Eso vale dinero. Sobre todo, en España que la mensualidad media de los nuevos jubilados se aproxima al salario medio. A la caza del nuevo pensionista como cliente.

Por ejemplo: intenté comprar un coche frente a mi viejo utilitario. Ahora los nuevos modelos están plagados de relojes. Cómodos pero llenos de sensores y aparatos. Me siento antediluviano cuando el amable vendedor me muestra el freno de mano; aquel ruido al ponerlo (¡raaass!) ahora ha sido sustituido por un simple botón como si fuera un timbre. Y así treinta o cuarenta diferencias, todas llenas de comodidades. Te avisan si te desvías, o si te fatigas o te duermes. Dispositivos electrónicos muy beneficiosos para “los nuevos mayores” cuyo poder adquisitivo hace que los bienes de consumo se dirijan cada vez más a esa clase social. Lo contaba el economista Mauro Guillén el domingo pasado (magnífica entrevista de A. Rubiera) explicando las etapas de la vida. Y los mayores, en este momento, están en una posición privilegiada de consumo frente a los jóvenes. Son un grupo de presión político y las pensiones representan el 14% del PIB.

Me sorprendió la petición del Partido Nacionalista Vasco de gestionar las pensiones como parte del precio del voto en la investidura nacional, sabiendo el carácter deficitario de la Seguridad Social en ese territorio. En realidad, sólo intentan gestionar la comunicación: el logotipo que preside la carta al pensionista informando de la subida de su mensualidad. O el oficinista que te atiende o te da la cita previa. De otra manera, no se entiende. A la caza del nuevo pensionista como votante.

Sin embargo los jubilados sólo quieren cierto orden en la economía y en el sistema productivo. Que no sea de cartónpiedra. El tiempo nos ha enseñado que ese es el verdadero fundamento de la sostenibilidad de las pensiones y no el Boletín Oficial del Estado. Lo saben bien en Argentina cuando, hace 20 años, la economía real no pudo respaldar la paridad oficial impuesta del dólar. No parece ser cuestión de derecha o izquierda ¿Prefiere usted una pensión italiana o alemana? Con independencia del momento político, la mayoría prefiere la germana, claro, que aportan menos ocurrencias en sus presupuestos. Al final se trata de decidir a quién confían el resultado de los ahorros: su cotización histórica. Y eso que nuestra pensión media (relativamente mejor que la alemana) ya lleva un 50 por cien de subvención, en términos actuariales; pero el pensionista se cree poseedor de un calcetín que ha ido engordando con sus aportaciones. En realidad, lo llaman pacto generacional. Lo de pacto es un eufemismo ofensivo, porque nadie ha sido consultado en la billonaria deuda que les dejamos. El Tribunal de Cuentas de España lleva años avisando. Las nuevas generaciones deben costearnos las pensiones y la sanidad de la que somos los mejores clientes. Siempre que hablo de esto con un veinteañero inicia su respuesta resignado: “Ya sé que a mí no me va a tocar nada … “. La AIREF ha definido nuestro escenario conjunto como «bola de nieve» en marzo de ese mismo año (propuestas, pág. 161). Eso sien entrar a valorar el inevitable regreso a la disciplina fiscal impuesta por la UE desde 2024.

A medio y largo plazo el escenario tampoco es tranquilizador ¿Cómo afectará al Estado del bienestar la caída de la natalidad? ¿Cómo se verá afectado el empleo con tanta innovación tecnológica? Cuando yo era estudiante se nos recordaba que la máquina de vapor creó infinitamente más empleos de los que destruyó. La diligencia frente al ferrocarril. Sin embargo, los nuevos avances en Inteligencia Artificial aumentan mi temor de los efectos sobre el trabajo, en términos globales devastadores. Si la economía no funciona, la recaudación no puede alimentar el sistema de reparto y la bicicleta se para.

Esta reflexión se agrava por mi formación. Nadie mejor que Álvaro Cuervo para explicarlo en su discurso de Honoris Causa de la Universidad de Salamanca y que termina así:

Quizás se pregunten por el tono algo crítico de mis palabras. A ello sólo puedo responder que soy economista, y por ello algo triste. Lo que distingue la economía de otras ciencias sociales, no es su objeto de estudio sino su enfoque, una forma de ver la realidad y de analizar los determinantes de las elecciones sociales ….

Algunos buenos amigos que vinieron a mi comida de jubilación

Una versión ligera de estas reflexiones fue publicada en La Nueva España


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Comentarios

3 respuestas a «Ventajas de hacerse mayor»

  1. Avatar de María Sauleda UPNA
    María Sauleda UPNA

    ¡Antonio! Me ha gustado mucho esta anotación porque refleja muy bien una idea que cada vez se ve con mayor claridad, y es la enorme deuda que vamos a dejar a las siguientes generaciones. Yo ya me voy preparando por si pintan bastos el día que me jubile, y eso que ya hace muchísimos años que no estoy en mis veinte, como el joven que mencionas como ejemplo.

    En fin, muchas felicidades por tu jubilación y que aproveches ese tiempo, que es oro, como más te guste. Espero verte todavía por algún Congreso para darte un buen abrazo!

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    1. Gracias, María. Ahora me verás más que antes porque mi agenda “externa” es muy amplia. Un abrazo

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  2. En esto del saludo procuro practicar un consejo que le escuché a una experta en protocolo, que decía: yo, siempre que saludo a a alguien digo mi nombre, especialmente si hay por un lado o por otro gente que no conozco » hola soy fulanita» normalmente el interlocutor te dice, no, si ya te conozco, pero eso tiene dos efectos positivos; el primero, que a tu interlocutor le puede pasar lo que a ti por mucho que te conozca, que no se acuerda de tu nombre y si lo haces así le sacas del aprieto; el segundo efecto es que en muchas ocasiones te imita y dice también su nombre y te saca a ti del tuyo.
    El artículo está muy bien. Las frases cortas ( a mí me cuestan) hacen la lectura más digerible, el maestro en eso Baroja

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