Bibliotecas sin fronteras

Libros.

El impresionante panorama de la catedral leonesa habrá inspirado más de un poema al último Premio Cervantes, al que nacieron en Oviedo. Antonio Gamoneda, además de ser uno de los grandes de la Poesía de España, no es menor lector, causa o efecto de su mimo y diario cuidado de la biblioteca de la Fundación Sierra Pambley, fundada hace más de un siglo por Giner de los Rios e instalada frente a la “Pulcra Leonina“. Desde tan apreciada atalaya ha sido testigo, sin duda, de los grandes cambios ocurridos en las bibliotecas, hoy pomposamente denominadas “centros de recursos para el aprendizaje y la investigación”.

Nuestros tiempos exigen atender los nuevos hábitos sociales de estudio, con intereses y horarios diferentes. No me refiero al nocturno uso que los estudiantes hacen de las salas de lectura durante las fechas de los exámenes, sino a los nuevos fondos bibliográficos y documentales. Son las “bibliotecas sin fronteras”, que ofrecen servicios sin necesidad de acudir a sus instalaciones y dejan de poseer grandes colecciones para distribuir información. Y nuestros serviciales bibliotecarios han pasado en unos años de ser gestores de libros a gestores de información.

La riqueza bibliotecaria futura se fundamenta más en el potencial para acceder a la documentación electrónica que en los grandes depósitos, como hasta ahora. Aquellos costosos patrimonios ya no son garantía de una oportuna prestación del servicio público. Las decenas de miles de valiosos libros del siglo XVII y XVIII, propiedad de la Universidad de Salamanca, apenas sirven para impresionar al visitante por su gran valor sentimental. Ahora la mediateca comienza a ganar la partida a la papelteca.

Esas bibliotecas digitales utilizan licencias de uso de los recursos informáticos que permiten a los investigadores el acceso a las bases de datos y revistas electrónicas, en lugar de impresas en papel. Una universidad de tipo medio debe contratar costosas suscripciones en línea, emprender trabajos de digitalización y disponer de potentes servidores de información. Las empresas del sector de la distribución de revistas están encantadas con la creación de nuevas universidades porque requieren nuevas licencias. En las Comunidades Autónomas con varías universidades se han creado consorcios para evitar la duplicidad de gastos, estableciendo la inevitable especialización, tanto en las instalaciones como en la formación del bibliotecario.

El año pasado, el Tribunal de Cuentas de Francia reprendía a las bibliotecas universitarias por la ausencia de encuestas de satisfacción para determinar con precisión si estas responden a las exigencias y expectativas de sus usuarios. Los servicios en linea exigen también nuevas herramientas de evaluación, algunas de impacto internacional, como la promovida por el equipo de investigación de Enrique Herrera-Viedma, colaborador codo con codo de Oscar Cordón, uno de los investigadores principales del Centro de SoftComputing de Mieres. El reto es medir la calidad en las bibliotecas (incluidas las digitales) a través del grado de satisfacción de sus usuarios respecto a los servicios prestados: equipamientos, recursos o competencia del personal.

En la próxima década, nuestra herencia cultural, la mayoría de los conocimientos del mundo se habrá digitalizado y estará disponible en la red ¿El conocimiento humano a disposición de todos? Esto transforma esas obras en una suerte de bienes públicos globales; una nueva categoría cuyo uso y efectos externos va mas allá de fronteras y regiones, poblaciones o generaciones.

Cuando en 2004, el buscador americano Google anunció el proyecto de digitalización masiva de libros, el presidente de la Biblioteca Nacional de Francia alertó y encabezó a las instituciones culturales europeas frente al peligro hegemónico de una sola compañía en la difusión del saber. La Comisión Europea contraatacó promoviendo la Biblioteca Virtual Europea que se desea inaugurar en el año 2010.

Como se ve, varios proyectos de digitalización públicos y privados avanzan simultánea y concurrentemente. Ha sido necesaria la creación, el mes pasado, de la “Comisión Española sobre la digitalización” del Ministerio de Cultura, para la accesibilidad en línea del material cultural y su conservación digital. Una amplia delegación de todas las instituciones implicadas, con ausencia de alguna organización representativa de los usuarios.

Mientras tanto, Google contiuna su carrera de fondo y ya ha firmado acuerdos (dentro de un absoluto hermetismo) para digitalizar los contenidos de las bibliotecas de las universidades más importantes del mundo: Michigan, Stanford, Harvard y Oxford. A la brecha digital se le sumará la trinchera del idioma. En España, la multinacional ha elegido a la Universidad Complutense para digitalizar sus fondos bibliográficos libres de derechos de autor: 300.000 documentos en seis años.

Aquí surge un choque entre “modelos de negocio”: el clásico y caduco precio de la copia frente a los modernos enlaces gratuitos pero patrocinados. Hoy día, reproducir y transportar virtualmente obras sale casi gratis. Ya la imprenta había abaratado las copias frente a los amanuenses. Como avanza Enrique Dans, en poco tiempo, los contenidos de todos los libros podrán aparecer en una búsqueda en Google, acompañados de un enlace a la librería virtual y otro a las tiendas físicas que tienen ejemplares en mi ciudad. ¿Es una amenaza o una oportunidad? ¿Deben oponerse los editores? Y lo más importante: ¿servirá para algo que se resistan?

Por último una referencia obligada a la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, el filántropo proyecto en lengua castellana del Banco Santander y la Universidad de Alicante. ¿Saben cual es la obra más consultada? ¿Si?: ¡El Quijote!, con ciento sesenta mil visitas, aunque en su versión de fonoteca-online: una grabación dividida en capítulos de 15 minutos cada uno, leídos por Camilo García Casar, el doblador profesional del actor Anthony Hopkins. Escuchándole no puede evitarse la comparación entre dos locos geniales: el doctor Lecter y el ingenioso hidalgo.

Y ya que habéis llegado hasta aquí, mirad una conferencia magistral (ojo, subtitulada), ofrecida por Steve Jobs, co-fundador de Apple, en una ceremonia de graduación en Stanford. Uno de los más sencillos y profundos discursos que he escuchado: 15 minutos. A raíz del enorme interés despertado, esa Universidad implantó un archivo de lecciones magistrales online.

Este artículo fue publicado en el diario La Nueva España, del 17 de mayo de 2007.

Biblioteca del Senado.
Foto: Bilblioteca del Senado. Madrid.

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Antonio Arias Rodriguez

Síndico de la Sindicatura de Cuentas del Principado de Asturias

0 thoughts on “Bibliotecas sin fronteras”

  1. Qué placer perderse por las bibliotecas virtuales. BIBLIOTECAS. Cuánto más hermoso es, en efecto, ese vocablo que tanta pomposidad, para decir lo mismo, enrevesadamente. En mi creciente montoncito de libros, que me esperan, está ‘Libro del frío’, de Antonio Gamoneda, del que copio este poema:

    «Existe el mar en las ciudades blancas,
    coágulos en el aire dulcemente sangriento,
    sábanas en la serenidad.
    Existen los perfumes inguinales, lenguas en las heridas femeninas
    y el corazón está cansado.
    Entra con tus campanas en mi casa, pastora ciega, sin embargo,
    como si no tuviera la dulzura su fin aún en las ciudades blancas.»

    Magnífico el discurso de Steve Jobs en la Universidad de Stanford. Muchas gracias por la referencia.

    Un saludo muy cordial.

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  2. Hola, soy uno de los miembros del grupo Secaba que citas en tu post y te queria agradecer el comentario que haces sobre el grupo y nuestro trabajo. Me ha gustado este post y la vision que se da de la biblioteca y cómo está evolucionando.
    Le animo a seguir escribiendo sobre estos temas, pues el post sobre la investigación en la Universidad también es muy interesante.

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  3. ¿Uno de los grandes de la Poesía de España?. De muestra, el botón migratorio: “si no tuviera la dulzura su fin aún”. ¿Cabe imaginar mayor cacofonía y menos ritmo, cuando la poesía es -sobre todo- música? En fin, el premio Cervantes ya ha alcanzado al Nobel: se lo dieron a Echegaray y se lo dan a Gamoneda. Pero no se preocupen: el maestro “Clarín” consideraba a Campoamor y a Núñez de Arce los mejores poetas de su tiempo (en serio).

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  4. El hecho de leer a Antonio Gamoneda no implica haber estado de acuerdo con la concesión del premio Cervantes. Grande fue mi decepción, porque deseaba vehementemente que ganase José Manuel Caballero Bonald, un escritor de alto rango, difícil de leer, pero con un lenguaje lujoso, tanto en prosa como en verso. Qué le vamos a hacer.

    Disculpas a nuestro amable anfitrión, por convertir su espacio en un muro de lamentaciones.

    Cordiales saludos.

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