Economía de la felicidad

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9788430606610.jpg El artículo que hoy pública el diario Expansión, nos permite una reflexión sobre los múltiples aspectos de la felicidad de nuestra vida cotidiana. El periodista glosa la obra “Contra la felicidad”, de Eric G. Wilson (Taurus, 2008. 18€) que critica la proliferación de píldoras y libros de autoayuda. Sin embargo, defiende la melancolía como elemento necesario de cualquier cultura próspera, como musa de la buena literatura, pintura, música e innovación y la fuerza que subyace a toda idea original.

“A la gente le molesta la felicidad ajena” me dijo un día un buen amigo que regenta desde hace treinta años una próspera cafetería universitaria. Tras observar el comportamiento de sus clientes, llegó a la conclusión de que recelamos de la alegría de la mesa de al lado; y no digamos en el trabajo. Esa sabiduría obtenida por el doctorado diario con los clientes le permite asegurar también que las mejores propinas “no vienen de los más pudientes sino de los más alegres“. Me pregunto yo si esa generosidad es causa o efecto del estado de ánimo.

La compañía de Coca-Cola España difundió en marzo pasado una encuesta sobre la felicidad. Tras realizar 3.000 entrevistas concluyó que existe una relación directa entre ésta y la percepción que cada uno tiene del futuro de su economía. Es la verdadera “la chispa de la vida”.

El informe presenta el retrato-robot del español feliz: un adulto, con pareja estable, padre de uno o dos hijos y con un nivel de renta superior a 20.000 euros al año. Incluso afina las regiones más felices (¿balanzas regionales?). Ser catalán, aragonés, extremeño o navarro añade un plus de felicidad, y merma la satisfacción vivir en Madrid, Asturias o Murcia.

Ah! Otra cosa: aunque en términos generales no existen diferencias “significativas” entre lo que declaran hombre y mujer, si descubrimos que entre las personas que dicen ser “muy felices” se registra un porcentaje de mujeres significativamente superior: un 56%, frente al 44% de hombres.

Otro buen amigo, catedrático, me recomienda, como táctica defensiva, llegar siempre al trabajo maldiciendo y suspirando “para que nadie sepa que eres feliz”. No se tolera. En efecto, Eduardo Punset escribe que a la mayoría de las personas no les importa el crecimiento del PIB, sino lo que gana de más el vecino.

A más de uno le parecerá insólito medir un concepto que, desde Aristóteles, es discutido por escuelas filosóficas y religiones. El econometra Richard Easterlin creyó haber demostrado que el dinero no hace la felicidad. La aparición durante los años 70 de una rama teórica de la “economía de la felicidad” probaba que países ricos, como Japón o los EE.UU, tienen una curva achatada de felicidad desde la década del 50, a pesar de que multiplicaron su ingreso per cápita. Mirad que buena entrevista sobre el tema realiza Alex Rovira.

Incluso se ha confeccionado todo un mapamundi de la felicidad en el que no veo demasiadas sorpresas y donde el dinero “se parece bastante a la felicidad”. El ranking se presenta encabezado por los nórdicos, suizos, austriacos y canadienses. En fin, se trata de Estados “del bienestar” con justicia social y esplendidos sistemas sanitarios o educativos.

Después vienen los norteamericanos, australianos, españoles y venezolanos donde las relaciones humanas son relativamente ricas. Por eso los caribeños están bien situados. Entre los infelices están los japoneses y rusos.

Una versión des ese artículo fue publicada en el diario La Nueva España del 28-12-2008.

Plural: 13 comentarios en “Economía de la felicidad”

  1. Querido Antonio Arias (el malo),
    Sin duda vuestra amistad y cariño nunca serán suficientemente compensados. Eternamente agradecido. Un abrazo, Anas y Antonios. ¡Qué familia!.

    Querido Antonio Arias (el bueno),
    Qué buenos sos, y qué buena es Chus y Cristina. Qué sabias son tus palabras y qué sabia es vuestra forma de interpretar el día a día. Os adoramos.

    Queridos Antonio Moraes, Helio, Thiers y Salomao,
    ¿Cómo me explicáis el color púrpura en Brasil?. Yo creía que con vosotros, vuestras praias y con artistas como Ivete Sangalo (muchas gracias amigo Antonio Moraes por ese detallazo)… lo teníais todo resuelto. Cuando queráis nos acercamos a echar un cable :-))

    Querido catedrático amigo de Antonio,
    Seguro que te levantas con la Cope. Todo cansa.

    Queridos amigas y amigos,
    Tenemos la misión de cambiar el mundo a verde. A por ello.

    Querida Cristinica,
    Aragonesa mía. ¡Qué razón tiene ese retrato-robot!. Muá.

    P.D: Por cierto, ¿conocéis la ASUS?. Os necesitamos http://asus.usal.es

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  2. Me parece estupendo el hilo conductor del post sobre Antonio (el bueno), el de las “Caballerizas” que tras la barra del bar y fuera de ella, es un auténtico “Séneca” con un humor impagable. Sobre la felicidad hay que tener claro que es un concepto abstracto e inalcanzable “a tiempo completo” por lo que hay que buscar “momentos” felices, y puedo afirmar que durante mi estancia en Salamanca, dentro de la vorágine jurídica, el “café” con Antonio (el bueno) era un islote de impagable felicidad, en que rivalizábamos con chistes y complicidad a raudales. Gracias a los dos Antonios por esa etapa.

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  3. ¡Oh tempora! ¡Oh mores!. Como dirían algunos de nuestros amigos del otro lado del charco, está bueno esto. Más o menos la reflexión edulcorada podría contenerse en lo que decía aquella canción de Pi de la Serra: “si els fills de puta volassin no veuriem mai el sol”.

    ¡Qué gran filósofo es Antonio Arias, “el bueno”! ¡Y que buen jamón y lomo tiene!. Quienes lo hemos conocido pocos años después de dejar los pantalones cortos, sabemos del cómo y de lo mucho que le ha costado doctorarse en esa complicada asignatura de la vida, chalequillo en ristre.

    Como en otros muchísimos casos, a pesar de todos los pesares, de los dichos, de los cuchillos y puñaladas, debemos seguir manteniendo aquello de que lo mejor de esta vida son las personas. Os aseguro que algunas de las que aquí han escrito y aparecen mencionadas son lo mejor de esa ciudad de la que decía Ortega que tenía una piedra que cambiaba de color, al sonrojarse de las cosas que decía Unamuno.

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  4. Queridos tod@s
    Voy a remitirme al cancionero popular para ver si encuentro la felicidad tan buscada.
    La Felicidad ja ja ja me la dio tu amor jo jo jo dijo Palito Ortega.
    Otros (que ahora no me acuerdo) decian: Tres cosas hay en la vida Salud, dinero y Amor.
    Loquillo, en cambio decía que para ser feliz quería un camión y Alaska nos cantaba que su novio Zombie “conocía a sus padres, él es feliz y yo soy feliz”.
    Formula V, en algún verano setentón cantaban “loco loco casi loco, loco loco medio loco, loco soy feliz” aunque tarde “Cuéntame como te ha ido si has conocido la felicidad”.
    Peret lo simplificaba todo con “Canta y sé Feliz”.
    Karina en su baúl de los recuerdos nos cuenta que “después de un día triste nace otro feliz” y en Eurovisión “tus sueños se harán realidad en un mundo nuevo feliz lleno de amor y de paz”.
    Para mi esto se esta complicando cada vez mas.
    Conclusión: Seamos felices en la búsqueda de nuestra felicidad

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  5. Siento no disponer de tiempo, entre viaje y viaje, para explayarme en las muchas prendas que adornan al personal aquí mencionado, sobre todo la calidad humana de Antonio “el bueno”, que con simpar afabilidad y desenvoltura lleva a cabo una encomiable labor nutricia en el “incomparable marco” de Caballerizas. Allí se sofoca la sed, se calman las hambrunas y se sosiegan y atemperan los conturbados ánimos de filólogos y afines. En realidad, la clientela es de lo más variopinta (algún día habrá que escribir la trayectoria vital de algunos de sus más fieles huéspedes) y en ello estriba parte de la riqueza humana de ese recoleto santuario de la gastronomía, donde oficia Antonio al frente de su eficaz congregación.

    “Lo mejor de este establecimiento es su distinguida clientela”, rezaban algunos lemas hosteleros. Aquí lo mejor está precisamente, en la feliz conjunción de mesonero y parroquianos. Tanto si se llega desde el hermoso claustro de la Hospedería como si se entra por la calle del Tostado (antigua de Azotados) una reconfortante sensación de amparo y bienestar invade al visitante al sentirse acogido en ese cálido y abovedado recinto, que, por cierto, también fue almacén de libros en los años posteriores a la Desamortización, cuando la Universidad carecía de espacios en los que albergar los fondos bibliográficos de los conventos. O sea, que se mire por donde se mire, las letras y los fogones van de la mano en Caballerizas.

    Una de mis funciones más nobles como Decano es la de firmar cada año la tarifa de precios, consciente de que se trata de una auténtica misión filantrópica (acabamos de subir el café de 75 céntimos a los famosos 80 céntimos de Zapatero). ¡Qué calidad y qué género! Se echa de menos la visita de amigos como Antonio “el malo” (que no desaprovecha ocasión para rebuscar los jirones de su pasado en la penumbra de los rincones, o de Antonio Alonso (siempre comedido y jovial) o de José Ramón Cháves (escudriñando, circunspecto, reglamentos y normativas).

    En fin, que se impone un encuentro a son de campana tañida, porque si la felicidad no está al completo en ninguna parte, destellos de la misma refulgen en Caballerizas con inusitada frecuencia. Y basta de palabrería, ¡que viva Filología!

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  6. Olá! amigo Antonio (el malo). Por Dios hombre, traes al recuerdo momentos espectaculares de mi vida, pasados en Salamanca, en que las “Caballerizas”, con D. Antonio Arias (el bueno), tiene un sentido especial. Lupicinio Rodrigues, un gran poeta Riograndense (gaucho), en su música “felicidad”, dice: “mi casa se queda allá detrás del mundo y yo voy en un segundo cuando comienzo a pensar. El pensamiento parece una cosa insignificante, pero cómo es que la gente vuela cuando comienza a pensar”. En este momento, el pensamiento vuela y me transporta hasta Salamanca, sentándome a la mesa en las “Caballerizas”, con Antonio Arias (el bueno), intentando aplacar la añoranza de mi casa; él viene con una gran sonrisa, un plato de jamón, pan y una “Barça” (una gran copa de cerveza) y pregunta: como están amigos. Hoy hay algo especial para que vosotros comáis.

    Vean como la felicidad no necesita de mucho. Ella está hecha de pequeños actos, pequeños gestos, que la hace inmensa, por es decir felicidad. Estos momentos yo se los debo a un gran amigo, Antonio Arias (el malo), que me llevó a conocer “las Caballeriza” y Antonio Arias (el bueno). Espero concluir mi Tesis de Doctorado aún este año, volver a Salamanca, ir a ese lugar tan agradable, aconchegante, de buenos fluidos, dar um gran abrazo en Antonio Árias (el bueno) y sorber una deliciosa “barça”, respirando el aire de la felicidad.

    Um grande abraço amigos Antonios (el malo y el bueno), desde Porto Alegre, RS, Brasil.

    Helio Saul Mileski

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  7. Querido Antonio Arias,

    Nuestro Antonio Arias de las caballarizas és mas que “bueno”. En verdad és Antonio Arias “el bueno y sabio”. Su sabiduria cativante es inolvidable.
    Bueno, lo mismo vale para usted, amigo.
    Me gusto mucho el tema de la felicidad.

    Abrazo fuerte desde Florianopolis (Brasil),

    Salomão Ribas Jr.

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  8. En la terna sempiterna encabezada por Clint Eastwood (Il Buono, il brutto, il cattivo, de 1966) había sitio para “el bueno”, “el malo”, y también para “el feo”. Puesto que están los dos primeros ocupados, he de reclamar en mi condición de Antonio Arias el reconocimiento de la tercera por cuestiones verificables en el Registro Civil y justificadas por un par (o varios pares) de farturas en dicho establecimiento.

    Hablando de la felicidad y de grandes chigres de la historia, he de citar a mi adorado Humphrey Bogart para dejar claro (por si todavía no lo está) que si Casablanca tenía a Rick´s, Salamanca tiene Las Caballerizas.

    P.D: Antonio (el bueno): si algún día aparece la Bergman por tu local, echa el cierre y avisa ¬¬.

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  9. Vosotros los mortales vivís obsesionados por el paso del tiempo y soñáis con la idílica idea de la inmortalidad, no os podéis imaginar, lo duro que es vivir anclado de forma perpetua en el tiempo. Sin duda, pensáis que la vida me ha mirado con los labios pintados pero ella me elige y siempre se larga con otro. He vivido tanto y durante tanto tiempo que a veces se me acumulan los recuerdos. Por eso ahora y coincidiendo con el VIII Centenario de la Universidad pienso en los años en los que trabajé duramente en las caballerizas de esta Universidad atendiendo y acicalando los caballos de los señoritos que venían a divertirse y de paso, impregnarse de todo aquello que Salamanca no presta. Pero a pesar de ser muy feliz durante décadas en esta ciudad, mi inquieto espíritu me condujo a viajar, hasta el punto que me enrolé en la Santamaría haciéndome cargo del rancho de la tripulación. Cansado de tantos descubrimientos, aventuras y penalidades decidí regresar y durante años regenté, en plena guerra de independencia, la venta del Salto del Gitano en la sierra de Despeñaperros. Esta zona era cuna de gitanos, bandoleros y folclóricas que luchaban enconadamente frente a los gabachos. He vivido tanto y he envejecido tan poco que cuando cuento estas y otras batallitas me siento como el abuelo que relata sus vivencias de juventud. Esto mismo me ocurre por ejemplo, cuando me reúno con Pérez Reverte para ambientarle la batalla de Trafalgar o el mundo del capitán Alatriste con el que por cierto me podéis ver retratado en la sala 4 del museo del Prado. Por eso y por no aburriros con viejas historias os contaré que desde hace algunos cientos de años la hostelería y la restauración se ha convertido en mi modus vivendi y por poneros algunos ejemplos más recientes y sin querer alardear de mi currículum, durante varias décadas dirigí la cocina de Rick´s en Casablanca donde conocí espías, agentes secretos, asesinos, políticos y actores.
    También viví una corta pero intensa aventura americana donde regenté restaurantes como el de Cheer´s en donde por cierto Norm no era tan simpático como aparecía en la serie o el Bar Coyote donde las camareras si que eran tan atractivas como las de la película. Pero mis queridos amigos y para finalizar, la vida te lleva por caminos raros que finalmente te situan donde se afianzan los recuerdos de la juventud y por eso después de varias vueltas al mundo volví a Salamanca para quedarme.
    Hola a todos soy Antonio Arias y te doy de comer en las Caballerizas.

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