Un ferreiro para la eternidad

José Naveiras Escanlar, Pepe El ferreiro, ha sido una de las grandes personalidades de la etnografía española. A su esfuerzo debemos la recuperación de importante patrimonio cultural astur-galaico. Falleció este sábado rodeado del cariño de su familia.

Testigo privilegiado de los cambios ocurridos desde la posguerra, pronto Pepe se dio cuenta del valor de las tradiciones y de los conocimientos acumulados durante siglos en las aldeas, impulsando a principios de los años ochenta el fenomenal Museo etnográfico de Grandas de Salime que permite al visitante disfrutar  “unas horas o durante una semana, como hizo un peregrino alemán”.

Apenas algunas reseñas:

El ferreiro podría pasar también a la historia de Asturias por haber intuido que en El Chao de San Martín se encontraba uno de los mejores castros celtas del norte español y llevar al rectorado ovetense las primeras piezas para su estudio, hace cincuenta años.

Pepe supo pronto que desaparecían muchos conocimientos acumulados durante generaciones y dedicó su vida a conservarlos para el futuro.

Un prodigioso talento natural

Hace justo una década, dio una conferencia en el curso de verano del Centro de Estudos Ibéricos que las Universidades de Salamanca y Coimbra mantienen en la localidad fronteriza de Guarda. Su título es todo un manifiesto: “Recuperar o nosso patrimonio, restaurar a dignidade”. Habló con cariño a los portugueses de una vida rural que desaparece. Empatizó enseguida con el auditorio en una de las conferencias memorables que allí se celebraron. La vida rural de la península era idéntica. Al final de la presentación, Pepe les entregó unos clavos artesanos hechos por él en su fragua y cuyo proceso había grabado para exhibir allí: un video de dos minutos como colofón, demostrando que era de verdad un ferreiro.

Pepe disfrutaba una de las mejores inteligencias naturales que he conocido. Como muchos de su generación, no pudo ni soñar con cultivarla en la universidad. Sin embargo, respondía con solvencia a las preguntas de los científicos o de los historiadores o de los naturalistas. Créanme que no exagero: era un sabio humilde. Recuerden que la humildad es una característica de la sabiduría.

“He sido vejado por mis semejantes”

El ferreiro deja para las generaciones futuras bastante obra escrita (a mano sin una tachadura) donde recoge como ha sido la vida cotidiana en los pueblos campesinos, sus costumbres, sus utensilios o sus problemas. Yo siempre le decía que no debía parar de escribir, que no tenía derecho al descanso, que cuando muriese … ¿quién va a dejar constancia para el futuro la siega, la mallega o el trato na feira?

¿Cómo era su estilo? Tan peculiar como su carácter: afable con los visitantes, exigente con los burócratas. Aquí os dejo una muestra de un texto donde reflexiona sobre su destitución en 2010:

“Frases parecidas a la que encabeza esta crónica las escribí en esta misma agenda; lo doloroso es que la afrenta siempre vino de los semejantes. Claro que, al pertenecer a la misma especie, pude haber sido tan injusto como uno más. No sería lo mismo que me hubiera mordido un perro, me diera una coz una mula, sufriera la terquedad de un jumento, me pinchara una abeja, o la víbora me inoculara su ponzoñoso veneno; porque cualquiera de estas acciones sería el reflejo de la autodefensa o la tozudez del irracional. Claro que la agresión o la cornada de la vaca viene a veces propinada por la zoomorfa figura humana. Quiero decir, que la conducta y los peores golpes son los de tus semejantes. Esto, dicho así, puede parecer que proviene de alguien que no rompe un plato y se queja del trato; pero como pertenezco a la especie, haría mal en excluirme de esos daños”.

Con varios profesores de la Universidad de Oviedo en Tuña, visitando al cesteiro local tras impartir una conferencia.

 

Un ferreiro del pueblo

Para terminar debe destacarse una faceta por la que Pepe ha sido muy conocido: el uso habitual de la boina, cuya dimensión simbólica es representativa de la evolución de la España contemporánea. La boina le señalaba como digno miembro de las clases populares y rurales. Un agonizante sector campesino del que se sentía orgulloso miembro.

El año 2009, compareció ante el Parlamento asturiano con ocasión del debate presupuestario. Una reunión que calificó de “pantomima” para sorpresa de los diputados asistentes a la Comisión de Hacienda: “Esto parece un teatro de “titiriteros” donde la escoba golpea a la bruja o al malo, y sin embargo, sólo se trata de mover los ‘hilos’. Muevan algo más y demuestren, sus Señorías, eficacia”. Terminó recriminándoles a todos diversos partidos no haber comparecido ante la Comisión de Cultura, para preocuparse por la marcha y desarrollo del Museo, pues “no les interesaba lo más mínimo. Me hacen comparecer aquí tanto los lobos con pieles de cordero, como los que pertenecen a otra manada, y entre semejantes jaurías pretenden descuartizar la pieza en beneficio propio”.

Ya que hablamos de política, durante este confinamiento he recordado “El disputado voto del señor Cayo”, donde Delibes presenta un pueblo burgalés, Cureña, únicamente habitado por un campesino, del que unos candidatos intentan conseguir el voto, mientras reflexionan:

“[…] una hipótesis. Imagina, por un momento, que un día los dichosos americanos aciertan con una bomba como ésa de neutrones que mata pero no destruye […]. Pues bien, si eso ocurriera, yo tendría que ir corriendo aquí, arrodillarme ante el señor Cayo y suplicarle que me diera de comer […]. El señor Cayo podría vivir sin Víctor, pero Víctor no podría vivir sin el señor Cayo”.

Llegando de este modo a la idea fuerza de la obra: “Hemos venido a redimir al redentor”, señala irónicamente el futuro diputado. No puedo leer este texto sin recordar al ferrreiro de Grandas.

2 comentarios en “Un ferreiro para la eternidad

  1. Anónimo

    Qué gran tipo se pierde en este ferreiro. Y cuántos otros como él se nos han ido sin que su legado fuera apreciado y, menos aún, conservado. Claro, como no eran de capital…
    Sin llegar a esas alturas artesanales, aún recuerdo a viejos de mi pueblo haciendo madreñas. Ahora ya casi ni se sabe lo que son. Pero uno de cerca de mi pueblo subió al Kilimanjaro calzado de zapatillas de cuadros y madreñas, en plena era del goretex. Hay tipos que no deberían morir nunca.

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