Cuando Fray Luca saltó al COSO

El video de dos minutos que abre hoy la bitácora suele usarlo el Catedrático de Contabilidad, Enrique López González, para mostrar a sus estudiantes la necesidad de contar con buena información para la toma de decisiones importantes y no dejarse influir por los interesados. Precisamente Enrique será mi presentador en la Jornada que organiza el próximo 17 de octubre el Consejo Social de la Universidad de León donde hablaremos de “Control interno y análisis de riesgos”. Un programa que también incluye al Director del Instituto Nacional de Ciberseguridad, Alberto Hernández para presentar “El control interno y las nuevas amenazas”.

Al igual que otros años, las Instituciones de Control Externo estarán presentes con Javier Corral (Director Técnico en el Tribunal de Cuentas) que hablará sobre los modelos de control, así como el panel de Mejora del control interno universitario, a cargo de Mario Amilivia, Alfonso Peña y Roberto Fernández Llera, presidentes de los OCEx de Castilla y León, Aragón y Asturias. Como es habitual en este tipo de reuniones, no faltará el Cumplimiento normativo con sus mecanismos de prevención y control, que preocupa tanto a administrativistas y penalistas como a procesalistas, allí representados respectivamente por los catedráticos de la Universidad anfitriona, Mercedes Fuertes, Miguel Díaz y Piedad González.

El control interno ya no es lo que era

El control interno comenzó siendo contable, porque se trataba de reflejar las operaciones y el resultado económico de manera veraz. Así se implantó en el siglo XVI cuando Fray Luca Pacioli publicó su Tratado de contabilidad usando la partida doble. Siglos después llegaron los auditores y apareció la preocupación por la organización y por la imagen fiel. La contabilidad dio paso a la Información Financiera que era algo más moderno. Más recientemente los aires anglosajones del COSO nos trajeron un nuevo paradigma: la seguridad razonable en la consecución de los objetivos de la institución. Empezó a hablarse de riesgos, de su administración y evaluación. Después llegó la prevención y apareció el Compliance. El control óptimo pasó a ser uno de esos problemas retorcidos. Una evolución constante.

Esto se ha complicado mucho, en efecto. Hoy, hablar de control interno es -sobre todo- hablar de las nuevas tecnologías y, por supuesto, del cloud. El presidente de los censors catalanes reconocía este verano que la profesión auditora ha perdido glamour. Se ha vuelto aburrida, si alguna vez fue divertida.

La normativa actual de fiscalización exige que el auditor obtenga un conocimiento suficiente sobre cómo utiliza el ente los sistemas de información, sobre los controles automatizados que tienen impacto en el proceso de elaboración de la información financiera incluyendo los controles generales de tecnología de información.

En fin, que la jornada leonesa será un éxito, con seguridad (je!) y, para mí, una buena ocasión para saludar a mis antiguos colegas y sin embargo amigos.

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