No lo llames denuncia, di “nominado”

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El caso de Bradley Birkenfeld alcanzó notoriedad en EE UU porque proporcionó a las autoridades estadounidenses relevante información sobre la operatoria de la banca suiza y sus clientes para evadir impuestos. En 2012, este denunciante cobró 104 millones de dólares de la hacienda norteamericana que, a su vez, ingresó cuatro veces más sólo con la sanción impuesta a la Unión de Bancos Suizos. Estos debieron facilitar, además, la lista de miles de defraudadores, permitiendo recaudar otros cinco mil millones de dólares; así que, en aplicación de una Ley del año 2006, participó en los beneficios de la denuncia, que pueden llegar al 30% de la multa impuesta.

Sin embargo, a pesar su continua cooperación o de merecer el mayor incentivo fiscal de la historia norteamericana y de que el ministerio público recomendase un trato favorable, un juez federal le condenó a 40 meses de prisión por participar en la citada evasión fiscal, con el futuro desaliento a los delatores de la industria financiera.

La figura del denunciante es un buen reflejo de la sociedad en que vivimos, así que ha sido protagonista de muchas películas (The insider de 1999, con Al Pacino y Russell Crowe, es un buen ejemplo) con sus represalias, intrigas y emociones. Con frecuencia, actúan motivados por la venganza o la avaricia y no por nobles motivos. Recordemos que Garganta Profunda, , quien causó con sus filtraciones la dimisión del presidente Nixon por el escándalo Watergate, fue un alto directivo despechado por su frustrado ascenso en el FBI.

En EE UU, desde que se abrió en 2011 la Oficina Denuncias de la Comisión de Valores (SEC) se reciben cerca de 4.000 cada año. Allí, que son tan amantes de las estadísticas, la Asociación de Investigadores Certificados de Fraudes reconoce que son las denuncias la principal causa del descubrimiento de estas fechorías (un 42%) frente a las revisiones reglamentarias (16%), la auditoría interna (14%) o externa (3%) y la casualidad (7%).

La SEC ha admitido tener un problema con los “acusadores de serie”, que presentan decenas de reclamaciones falsas con la esperanza de que alguna dé lugar a un premio. También debemos recordar aquel quijotesco prejubilado alemán que, armado diariamente con su libreta, había llegado a presentar 30.000 denuncias firmadas en seis años: viandantes, peatones y cualquier persona o negocio, que a su juicio, incumplía alguna reglamentación, eran objeto de sus acusaciones que las autoridades se veían obligadas a tramitar ¡Ah! También denunció al canal RTL por incluirlo en un reportaje sobre “Los 10 alemanes más locos”.

Sin embargo, el asunto de las denuncias se vuelve aún más controvertido, pues ofrece muchas dudas jurídicas, por mucho que se hayan demostrado eficaces en la  lucha contra la corrupción de la gestión pública. En España, las pocas experiencias reguladas que existen se fundamentan en la rebuscada diferencia entre una denuncia formal y una “comunicación ciudadana sobre actuaciones fraudulentas” como la que permite actuar a la Inspección de trabajo a través de su web. Es el mismo sistema que el Ministerio del Interior ha implantado para denunciar conductas extremistas de personas o grupos radicalizados o la existencia de individuos que hayan viajado a zonas de conflicto, en el marco de la lucha contra la yihad.

El uso de internet abre nuevas perspectivas para amplificar o dar una nueva perspectiva a estas denuncias. Un buen ejemplo lo encontramos en el marco del Día Internacional contra la corrupción que hemos presentado en la entrada anterior de esta bitácora donde la organización “Transparencia Internacional” (TI) ha anunciado que celebrará la efemérides abriendo un plazo de dos meses (hasta el 9 de febrero 2016) para que el público en general vote los mayores símbolos de la corrupción.

Albany museoDe las 15 seleccionadas para esa original votación durante los próximos dos meses destacamos entre los principales “nominados” al pequeño Estado norteamericano de Delaware que justifica su deshonrosa mención por ser “un paraíso para el crimen transnacional” gracias al secreto corporativo que permite a los “corruptos, narcotraficantes, estafadores y defraudadores borrar sus huellas blanqueando su dinero”. De hecho, alberga las sedes de 250.000 empresas y la mitad de las compañías Fortune 500 están domiciliadas allí ¿Porqué? Su legislación exime de impuestos a las sociedades limitadas en manos de extranjeros no residentes cuya identidad está protegida por sus leyes, siempre y cuando no operen allí. Además, el Impuesto sobre la Renta oscila ente el 2% y el 7%. Todo muy limpio y cómodo.

Seguro que usted está pensando, como yo, en la gran hipocresía que desvela esta nominación por atraer dinero negro del exterior y que se contradice con los esfuerzos que realiza la inspección de hacienda norteamericana para evitarlos en sus nacionales.

Este artículo fue publicado en el diario La Nueva España.

2 comments on “No lo llames denuncia, di “nominado””

  1. A través de árboles se descubren las notas del bosque. Y a través de bosques, el ecosistema. Desgraciadamente la arquitectura de la lucha antifraude en España no deja más que arbustos, Juanas de Arco y Quijotes. La protección del denunciante, el castigo al que mal usa, unidades especializadas con alta formacion técnica, colaboración interinstitucional…es necesaria una Normativa reguladora de ámbito nacional.
    El empleado público debe tener presente que su cliente es el bolsillo ciudadano
    Apunto aqui una idea: la hermética LOPD es un bloqueo. Existe un bien juridico superior a la protección de un dato (de una persona), la lucha contra el fraude (de la sociedad).

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  2. En el tema de la corrupción sirve el refrán que dice: “No se puede poner a las cabras a cuidar de la hierba”…
    La pasión de los gobernantes por el instituto de la delación es ancestral y la historia nos ha colmado de ejemplos, desde Judas a David Marjaliza. Pero cuando se trata de corrupción, eso ya todos son protecciones y aforamientos, la delación ya no ‘caca, que nos toca’.
    ¿Quién controla a los ‘primus inter pares’?

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