
El sistema sanitario atraviesa en todo el mundo grandes tensiones presupuestarias. En España, a la crisis financiera y de recaudación, se añade la necesidad de contener el crecimiento del gasto del Sistema Nacional de Salud. Sin embargo, resulta difícil frenar al gigante sanitario sin perjudicar la calidad del servicio asistencial.
La gestión de la sanidad está transferida a las CCAA. Hasta hace un par de años, los sucesivos gobiernos regionales no se preocupaban demasiado en contener su crecimiento, en el marco de unos presupuestos holgados. La preocupación fundamental era la calidad. Así, la Agencia Estatal de Evaluación de las Políticas Públicas y la Calidad de los Servicios recogió muchas de las recomendaciones de los expertos en política farmacéutica, “para mejorar la calidad de la prestación” haciendo público, en 2008, un informe sobre la incidencia de las medidas adoptadas “para la racionalización del sector”.
El escenario ha cambiado y se hacen patentes las dificultades para costear la factura sanitaria. El Estado, ejerciendo sus responsabilidades, aprobó en la primavera pasada un Decreto-Ley que reformó el sistema de precios de referencia, con reducción del precio medio de los medicamentos genéricos así como de algunos medicamentos de uso muy común.
Sin embargo, la prensa en todas las CCAA se está haciendo eco de las grandes dificultades para aprobar un presupuesto equilibrado en los próximos meses. Eso si: suprimiendo las facturas del cajón. Los datos son bastante negros: en estos primeros nueve meses del año, el sistema sanitario en su conjunto ha acumulado un déficit cercano a los 11.000 millones de euros, según el diario La razón, aunque podría ascender hasta los 15.000 millones a finales de diciembre si se cumplen las peores previsiones. Leer Más











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