Categoría: Cine

12oct2009

Experimentos

Laboratorio de las ciencia sociales ...

Hace unos días, coincidí con un buen amigo, profesor universitario de contabilidad, participando en un seminario sobre control financiero. Durante el café, hablamos de sus últimos proyectos y me hizo saber que estaba emigrando hacia otras áreas de la economía, que ahora le parecían más interesantes.

¿Cómo? La contabilidad es demasiado estática, me dijo. “Ahora estoy enganchado a los experimentos de preferencias declaradas (EPD)”. Por ejemplo, le interesaba, más que los complejos modelos econométricos, saber si el nivel moral o las corruptelas tienen relación con la posición social o económica de cada quisque y así orientar la toma de decisiones públicas. Para ello, diseñaron un proyecto de investigación que incluía a los camareros del bar de la facultad que, ante los pagos devolvía los cambios muy generosamente, para saber el perfil de los comportamientos honrados. También estudiaban el nivel de aceptación de ofertas de empleo por el mismo sueldo que la prestación de desempleo. Leer Más »

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06may2009

Filtraciones

Diario El Comercio

Hasta bien entrado el siglo XVIII, para ser conserje y encuadernador del Tribunal de Cuentas de París se exigía NO saber leer ni escribir. Así se evitaba que cayeran en la tentación saber o hablar más de la cuenta. Era época de requisitos expeditivos y no era preciso justificar ninguna de las medidas Reales.

La sociedad moderna nos regaló los medios de comunicación y la libertad de prensa. Durante los años setenta y ochenta, sesudos periodistas eran capaces de dedicar semanas a investigar y hasta mimar un tema para llegar a descubrir un Watergate, que forzaría la dimisión del presidente de la nación más poderosa del mundo. Se perfeccionaba el periodismo de investigación. Se azuzaba el ingenio. Se comprobaban las fuentes y se confirmaban las noticias. Leer Más »

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07jul2008

Nevando voy

Nevando voy

Gracias a un antiguo amigo, he conocido los avatares por los que han pasado dos jóvenes realizadoras para crear su primer largometraje. Al mismo tiempo he podido observar su fuerza y empuje para solventar todos los problemas y terminar haciendo una película con un presupuesto que se aproxima muchísimo a cero euros.

Podría parecer un milagro, pero puedo asegurar que es fruto del tesón y de la imaginación de sus dos jóvenes realizadoras.  Sus participaciones en certámenes en todo el mundo y los premios conseguidos es casi seguro que la convierten en la película con más premios por euro invertido. El próximo día 11 de julio se estrenará en Madrid, Barcelona y Valladolid y el 18 en Pamplona.

Maitena y Candela crearon la productora CRONOPIA FILMS en cuya página puede ampliarse la información sobre la película “NEVANDO VOY”, cuyo trailer os recomiendo. También tienen un interesante blog y nos han dado una lección de juventud emprendedora. Leer Más »

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31may2008

The Insider

The insider La película The Insider es una película dirigida por Michael Mann en 1999. Fue distribuida en España con el título de El Dilema y en Latinoamérica como El Informante.

Si consulta cualquier reseña cinematográfica verá que el argumento está basado en un caso real: una de las principales tabacaleras del mundo fue demandada por la justicia americana por añadir sustancias aditivas al tabaco que incrementaban el poder adictivo del mismo.

En la película, Al Pacino da vida al director del programa 60 Minutos del canal CBS, que destapa todo el tema gracias a un confidente y antiguo bioquímico que había trabajado en la tabacalera Brown & Williamson llamado Jeffrey Wigand, al que da vida Russell Crowe, que deslumbra con una interpretación que le debió haber dado el Oscar para el que fue nominado y que luego no mereció por “Gladiator”. Leer Más »

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01oct2007

Ken Loach

Ken Loach.

Hoy me gustaría comentar dos películas de contenido social dirigidas por Ken Loach. Primero La cuadrilla (The navigators-2001), una obra cargada de realismo que refleja la vida cotidiana de un grupo de trabajadores del mantenimiento de los ferrocarriles británicos.

El autor del guión, el economista Rob Dawber, trabajó 18 años en la oficina de señalizaciones y telecomunicaciones de British Rail en Sheffield, donde presenció el proceso de privatización y sus consecuencias; murió poco después de acabar de montar la película, por un cáncer contraído por el contacto con el amianto.

Sorprende el rigor técnico del guión. También la maestría en la utilización de actores no profesionales: gente entrada en años y tripa que dotan de gran credibilidad a la historia. Las primeras escenas no tienen desperdicio; muestran el anuncio y las consecuencias laborales de la privatización con las subrogaciones de personal hacia las contratas.

Así, obreros que habían sido compañeros de trabajo durante muchos años son invitados a abandonar la reunión por si hubiera algún secreto industrial que se pudiera filtrar. El propio director, durante el homenaje que recibió en el Ateneo Obrero de Gijón hace un par de años, lo contaba así:

“Gente que se dedicaba a reparar las vías del tren se convertían, de la noche a la mañana, en James Bond con secretos industriales entre manos y vigilantes del peligro de espionaje. La parte seria es que los ferrocarriles tras el proceso de privatización dejaron de ser tan seguros y la gente que había tenido un puesto de trabajo permanente se convirtió en temporero. Así que la privatización invita tanto a la risa como al llanto”.

Abocados a las Empresas de Trabajo Temporal, la película narra la evolución de esos empleados de los ferrocarriles, el deterioro de sus condiciones sociales y los riesgos para su salud laboral.

LLoviendo piedras.
La lírica del perdedor.

Lloviendo piedras. Esa es la sensación que tiene el protagonista de otra de las películas más conocidas de Ken Loach. La obra, dirigida en 1993, retrata la fragilidad de las personas que estando solo un paso por encima de la marginalidad, intentan jugar con las reglas del sistema y se ven triturados una y otra vez.

Bob, un obrero católico en paro del norte de Manchester, quiere que su hija, como sus compañeras de clase, tenga un vestido nuevo para su comunión. Esta premisa le sirve a Loach para recordar su época de director de documentales y realizar un ensayo filmado: ¿Qué es la pobreza?.

Pocas veces hacia lo lejano del tercer mundo el señor Loach suele enseñar los arrabales del mal llamado primer mundo. Siempre en los terrenos que conoce mejor, siempre con una luz natural característica de sus trabajos, nos enseña los lugares golpeados, o bombardeados, por las reconversiones económicas. Siempre con protagonistas más preocupados en llegar a fin de mes, alejados de todo el romanticismo, la épica o la lírica del perdedor que a veces destilan otras películas del mismo género. Sus personajes lo intentan, tratan de jugar con las reglas que les ha impuesto la economía de mercado, pero no saben como, siempre acaban perdiendo. Algunos sospechan que les hacen trampas en este juego.

La película es divertida y dura. Nadie saca una pistola en todo el metraje y sin embargo es mucho más violenta que las fabulosas ensaladas de tiros que nos llegan desde Los Ángeles. Nadie se muere de hambre como en Darfur, nadie apuntará a la cabeza del otro con un fusil de asalto. Sin embargo los protagonistas sufren una violencia de otro tipo, la económica, la justificada, la que además solo encuentra incomprensión entre los semejantes.

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28ago2007

Sí, Ministro

Sí, Ministro.

Desde el exterior, las burocracias pueden parecen un estático hormiguero donde nunca pasa nada. Les aseguro que en su interior se desenvuelven tensiones que desencadenan tremendas fuerzas en sentido contrario: la parte política intentando innovar o gestionar el cambio y el componente administrativo intentando defender las estructuras vigentes, la repetición y la antigüedad. Todo un juego del gato y el ratón que está perfectamente teorizado por la sociología de las organizaciones. Alcaldes e interventores, sin ir más lejos, practican todos los días, con discreción, este juego de pesos y contrapesos, que ya forma parte de la gobernanza.

No es frecuente que nuestras miserias cotidianas salten a la popularidad de un best-seller y menos a una serie televisiva. Es el caso del libro Yes Minister, (“Si, Ministro”) cuya carátula veis en la foto adjunta. La satírica obra que da lugar a una divertida serie “de culto” del mismo nombre, ambas escritas por Jonathan Lynn y Antony Jay, sobre la Administración británica y las relaciones entre funcionarios y políticos. La BBC obtuvo importantes premios con ella y acabó promoviendo su secuela, “Sí, Primer Ministro”.

En España, Rafael Iturriaga Nieva, al finalizar su presidencia del Tribunal Vasco de Cuentas Públicas (1998-2002), promovió una edición institucional de su traducción castellana. Me consta que algún puritano del control se rasgo las vestiduras. Hay quienes creen que si los Tribunales de Cuentas mantienen mucho contacto con la sociedad civil, eso hará más difícil su labor auditora. Es una idea venerable, aunque no es la mía, como podéis comprobar con la simple existencia de esta bitácora.

Rafael Iturriaga, que veis en la foto, en la actualidad consejero del órgano fiscalizador del sector público vasco, termina el prólogo del libro con estas palabras:

Hay en este libro, para quien sepa leerlo, más recomendaciones, avisos y sugerencias que en muchos documentos oficiales. Va con ellas, en todo caso, un gesto de comprensión y un cómplice guiño de afectuosa solidaridad”… ¡Valiente Rafael!.

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14ene2007

La importancia de tomar café

Camera Café.

Va para tres años que el programa de humor “Camera Café” impone la hora de la cena al 20% de los televidentes. Ahora también anima la sobremesa del domingo. Cuenta historias cotidianas “de oficina”, recogidas a través del objetivo indiscreto de una cámara instalada en el interior de una máquina de café. Todo presentado a través de distintos episodios de unos cinco minutos de duración.

Sus protagonistas encarnan un gran abanico de personalidades llevadas al extremo para caricaturizar las organizaciones y mantienen un pulso constante por sobrevivir en su hábitat laboral. El director-gerente, Gregorio Antúnez (Luis Varela) expresa la antítesis del liderazgo o de la eficacia. Lleva toda la vida en la oficina por aquel histórico criterio para ser jefe: la antigüedad. Un amigo coronel suele decirme que sólo cree en Dios y en la antigüedad,”¡y en Dios, porque es el más antiguo!”, recalca. La realidad es que los trienios siempre fueron sinónimo de mérito y experiencia profesional, aunque hoy, con los continuos cambios normativos y tecnológicos, muchos jóvenes becarios saben bastante más que sus jefes.

El contable, Bernardo Marín (César Sarachu, que es mi preferido) representa al típico cuarentón “enmadrado” que aún no se ha emancipado y tampoco piensa hacerlo. El Jefe de Ventas, Jesús Quesada (Arturo Valls) es un tipo que cae bien a todo el mundo. Sus motivaciones son trabajar lo menos posible, ganar lo más posible y pasarlo bien. Diríase que falta motivación en esta oficina. Y nada extingue tan rápidamente la motivación como un jefe inepto. Los guionistas han bromeado mucho con las modernas soluciones gerencialistas: la retribución variable o la mejora de las relaciones interpersonales a través de comidas, cenas, deportes y torneos varios de empresa, que han ofrecido capítulos extraordinarios.

El programa, según su página web, quiere ser un fiel reflejo del “escaqueo” del empleado, cuyo punto de reunión sitúa al final de un pasillo con la disculpa del café. Por eso, muchas empresas implantan espacios diáfanos, sin muros, con puestos compartidos, armarios abiertos y unos carritos que diariamente trasladan los enseres. Se acabaron las desordenadas mesas llenas de papeles. Las empresas japonesas son pioneras en esta práctica, donde el personal, desde el director general hacia abajo, no tiene asignada mesa, sino que comparte un conjunto de ellas con empleados del mismo perfil. Resulta imposible leer el periódico matinal, sin mamparas y a la vista de tantos jefes sucesivos. Otro ejemplo que dará mucho que hablar es la “ciudad de Telefónica”, en el barrio madrileño de Las Tablas, donde van a convivir 14.000 empleados de alta cualificación, la mitad de los cuales no tienen un sitio fijo de trabajo. Junto a los “escritorios calientes” disponen de variadas salas de reuniones y apoyo tecnológico en cualquier lugar por telefonía móvil, Wi-Fi y ordenador portátil.

Pero, volvamos al tema del café. La realidad de nuestra Administración Pública es que los funcionarios, durante la pausa del café, hablamos de nuestro trabajo, compartiendo información con compañeros de otros departamentos en un rico feed-back informal. Hasta el punto que las mejores teorías de sociología doméstica recomiendan a las organizaciones “regalar” a los empleados el café (¡incluso los “sobaos”!) de la mañana. Dicen que con este momento de esparcimiento se mejora el clima laboral, aunque la realidad es que no descansan. ¿Será el momento de mayor productividad de la jornada?
Desde un punto de vista jurídico, la “hora del café”, en la Administración Pública, se cifra en media hora de cierta elasticidad, según el mecanismo de control horario. Resulta una conquista profesional que ninguna autoridad administrativa osaría cuestionar, aunque siempre debe ejercerse en función de las necesidades del servicio público y la atención a los ciudadanos.

Eisenhower decía que el liderazgo era el arte de hacer que los demás hagan algo y, encima quieran hacerlo. De la misma manera, la mejor coordinación en las burocracias profesionales surge de manera espontánea y voluntaria. Así, el café matinal supone para los letrados un instrumento de unificación de doctrina mejor que el propio Tribunal Supremo. Los médicos alternan los comentarios sobre historias clínicas con las últimas demandas judiciales. En la Administración, los interventores toman café con los gestores y facilitan “atajos” a los problemas cotidianos. Los de personal con los de contabilidad. Los de recaudación con los de liquidación.¡Cuantas soluciones encontradas en la barra del bar, esperando la tortilla!

El café de la mañana fomenta las alianzas, por la tendencia a natural a perpetuar los acompañantes. Los demás saben donde está cada uno dentro de los clanes administrativos por su agrupación en ese descanso, clara manifestación de afinidades al margen de sistemas de autoridad institucional. El afable ingeniero gijonés, Campomanes, hoy jubilado, solía presumir de ser el único catedrático de la Universidad de Oviedo que todos los días tomaba café con otro catedrático de su misma asignatura; un hecho que decía era insólito.

Por todo esto, el profesor Henry Mintzberg, que escribe prolíficamente sobre gestión y estrategia de negocios e inexplicablemente aún no es Premio Nobel, valora la organización informal como inevitable proveedora de información e integración, ajena a la estructura formal. Aunque ahora el correo electrónico hace redes infinitas, durante el café los funcionarios resumen las últimas normas del Boletín Oficial o la suerte del proyecto de nueva plantilla. Además, si no vas a desayunar no te enteras y “no sabes lo que se cuece”.

Aunque Internet representa cada vez mejor el mundo real, todavía no ha resuelto la percepción de las fragancias ni los apretujones al tomar posiciones en la barra del café.

Este artículo fue publicado en el diario La Nueva España el día 21 de enero de 2007.

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