Formar parte de la cúpula directiva de cualquier organización acostumbra a traer dentro del sueldo mucha disponibilidad y perdida de privacidad. Si estás en la “pomada”  puede que te ofrezcan un teléfono móvil corporativo. De esos de “última generación” con toda su parafernalia y colorines ¿Qué ya lo han hecho? Pues has de saber que llevarás el trabajo contigo las 24 horas e incluso en vacaciones. Consuélate porque algunos tienen hasta dos móviles –uno exclusivo para el gran jefe- con variadas y razonables excusas, aunque mucho me temo que, en realidad, sea por simple desconfianza ante una posible escucha -legal o ilegal. 

El Smartphone –como se llaman a esos teléfonos tan inteligentes- ha hecho mucho más fácil poder realizar las tareas fuera del centro de trabajo. Llamadas, WhatsApp y correos a cualquier hora y lugar que le transforman en un tirano prolongador de la oficina. El verano es la temporada del año en que más se nota su incomoda intromisión pues no es extraño que, durante los momentos de asueto, sigan llegando las comunicaciones relacionadas con el trabajo diario. El asunto acaba de manifestarse en un estudio de la consultora Randstad donde un 40% de los españoles reconocen que tiene dificultades para desconectar durante las vacaciones, a causa del teléfono móvil o del correo electrónico.

Las pasadas navidades la compañía Volkswagen sorprendió a la opinión pública alemana suprimiendo los correos electrónicos o mensajes de texto en sus BlackBerry corporativas, una vez terminado su horario laboral. Una medida para evitar que el millar largo de mandos intermedios sigan, como hasta ahora, en situación de disponibilidad absoluta para recibir instrucciones o comunicaciones durante el tiempo libre. De acuerdo con la norma pactada con el comité de empresa, no recibirán correos electrónicos entre las 18.15 horas y las siete de la mañana siguiente; es decir, treinta minutos antes y después de su jornada laboral. En el mismo sentido, la corporación Henkel, fabricante de conocidos detergentes, también declaró, durante las pasadas Navidades, una “amnistía” para el correo electrónico de sus trabajadores, exigiendo que sólo fuesen enviados como medida de emergencia.

La noticia me interesó y decidí buscar más experiencias en la red. Así, descubrí que estas horas extraordinarias gratuitas se ha convertido en una queja bastante común. Un reciente estudio norteamericano –los reyes de las estadísticas- muestra que la gran mayoría de los encuestados admitía seguir trabajando en su casa. Les resulta difícil ‘apagar’ debido a que sus clientes o jefes exigen respuestas rápidas al correo electrónico corporativo. Como media, siete horas semanales, casi cuatro días adicionales al mes. Los británicos también se encuentran en una situación similar.

Lo cierto es que la mitad de los estadounidenses ni siquiera pueden apartarse de su teléfono cuando se encuentran en la cama antes de dormir, aunque sólo una cuarta parte dijeron que causó un desacuerdo ocasional con su pareja. No es sorprendente que la mayoría de nosotros comencemos el día comprobando nuestro correo electrónico: el 68% lo han hecho antes de las ocho de la mañana, menciona ese estudio.

Quizás por esa razón, la multinacional Atos ha decidido erradicar todos esos cotidianos correos electrónicos (Zero e-mail) de los empleados, mediante la implantación de una herramienta de comunicación interna. La razón, como indica su página web, es que “el volumen de correos electrónicos que enviamos y recibimos es insostenible para los negocios. Se estima que los directivos dedican a esta tarea entre 5 y 20 horas semanales”. Así, al sustituirlo por la red propia se garantiza, en gran medida, que sólo se tratan asuntos de trabajo …¡ y en el trabajo!

Una interesante alternativa nos la presenta Renault, que el mes pasado creó una red social interna para dar servicio a sus 128.322 empleados en todo el mundo, independientemente de su función o posición jerárquica. En los primeros 15 días, ya se habían creado 3.500 perfiles ¿Evitará los correos dominicales? Está por ver.

Hasta la propia Apple ha introducido en su célebre i-Phone una opción de “No molestar” que es completamente personalizable, donde los usuarios pueden permitir llamadas sólo de ciertas personas y/o definir un “horario de descanso” solamente para llamadas y correos. Así, se programa el tiempo libre de verdad. En los últimos cinco años, la magnitud y el impacto de la crisis en la vida cotidiana de las organizaciones ha sido asombrosa. A modo de ejemplo, el informe británico, calidad de vida laboral, 2012 constata la disminución en el bienestar de todos los directivos y con mayor fuerza en el sector público. Casi la mitad de los directivos públicos encuestados confirmaron que su organización estaba en declive y trabajaban alrededor de 48 días al año en horas extraordinarias no remuneradas. Además, un tercio de los directivos o mandos intermedios confirmaron que su salud había empeorado en los últimos tres meses, aunque ya no toman bajas por enfermedad. Algún lector escéptico dirá que esas conclusiones sólo son aplicables en el Reino Unido y que lo que realmente produce estrés es un parado buscando trabajo en la red o pendiente de una llamada que nunca llega.

El uso del teléfono móvil dentro del sector público incorpora un delicado problema de justificación del gasto, no siempre bien valorado ni siquiera planteado. Por supuesto que los órganos de control interno y externo pueden acceder al detalle de las facturas que indican los destinatarios de las llamadas. Parecería que la realización de llamadas que pudieran considerarse “privadas” fuese un beneficio colateral que compense aquel sometimiento 24 horas al móvil. Sin embargo, salvo tarifas planas (frecuentes, por otra parte) se trata de un gasto que podría ser reintegrable en determinados casos claros (lineas eróticas, por ejemplo) pero que, en el resto, plantea un difícil proceso de fiscalización donde el sentido común es la mejor guía, aunque en un momento de tantos recortes de gasto corriente empieza a explorarse ¿Os habéis encontrado en alguna tesitura similar, en este tema? Espero vuestros comentarios.

Una versión de este artículo fue publicada en el diario La Nueva España