Una economía de la cultura

Intervine esta semana en la jornada inaugural del curso XII Curso de verao del Centro de Estudos Ibéricos de Guarda (Portugal) que gestionan las Universidades hermanas de Salamanca y Coimbra en aquella localidad fronteriza, equidistante entre las sedes de ambas instituciones educativas. Se trataba de hablar de la burbuja de las infraestructuras culturales en España. 

Burbuja XXI

Durante la década pasada, hemos asistido a la percepción de generosas remesas de fondos estructurales europeos, a un crecimiento espectacular del sector inmobiliario, con superavit presupuestario e muchas AAPP y un déficit estratosférico en la balanza de pagos. Es lo que comúnmente se ha llamado la burbuja del ladrillo, que se pinchó al final de la década, al surgir la crisis financiera. Su paralelismo arquitectónico proporciona otra burbuja gemela en las infraestructuras culturales, destinadas a ejercer de locomotoras del territorio, merced a edificios icónicos vinculados a museos, auditorios o hasta campus universitarios.

Se suele criticar este alocado proceso por su poca planificación -y menos estudio del mercado cultural- así como por las dudas sobre su sostenibilidad futura. Uno de sus estudiosos es el periodista de La Vanguardia, Llátzer Moix, que denomina a este proceso Arquitectura milagrosa. Y lo subtitula “Hazañas de los arquitectos estrella en la España del Guggenheim”.

El coqueto aula del Centro de Estudos Ibéricos en Guarda-Portugal

La culpa fue de Bilbao

Para Moix, el milagro arquitectónico comienza con la exitosa inauguración del Museo Guggenheim de Bilbao, obra del arquitecto Frank Gehry, que transforma una zona portuaria llena de almacenes, talleres, herrumbre y contaminación. Las expectativas fueron ampliamente superadas y, sólo en 1998, lo visitaron 1.400.000 visitantes. Además, se transforma una ciudad, que en 1994 sólo tenía 20 Hoteles y en 2008 contaba con … ¡53!; que en 1994 organizó 88 congresos y en 2008 … ¡981!

A este fenómeno le seguirían dos conocidas y caras iniciativas: la Ciudad de la Cultura de Santiago de Compostela, diseñada por Peter Eisenman –ha costado 400 millones de euros, hasta ahora- y la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, obra de Santiago Calatrava que acabó costando 1.200 millones de euros, cuatro veces lo presupuestado.

Se trata de enormes inversiones concebidas por los llamados arquitectos estrella y destinadas a realizar edificios icónicos que acabaron con altísimos sobrecostes y grandes demoras en su ejecución material. Se pensaba que, en una sociedad que está dejando de ser industrial para basarse en el sector servicios, estas iniciativas servirían para potenciar actividades vinculadas al turismo, sobre todo de fin de semana.

Sin embargo, en plena etapa de recortes presupuestarios es difícil explicar al ciudadano que deben bajarse los salarios públicos o copagar medicamentos mientras se mantienen estas carísimas actividades y no hay dinero para el patrimonio histórico. Todo un debate.

Estadísticas

Lo cierto es que, en el año 2000, visitaron todos los museos españoles 42.5 millones de personas, mientras que el año pasado lo hicieron 57 millones, un 35 por ciento más. Una característica de nuestros museos es la atomización de su titularidad: 150 son estatales (el Estado no ha creado ni un solo museo nuevo en los años de la «burbuja»), 464 municipales, 80 autonómicos y 439 privados. Los centros de arte contemporáneo han pasado de ser 83 en 2002 a 130 en 2010.

Este enloquecido proceso de creación de infraestructuras culturales ha tropezado con dificultades presupuestarias para la puesta en marcha de contenidos culturales. Así, el diario ABC en su edición de papel, mencionaba hace un  par de semanas algunos ejemplos. El Museo del Aceita de Oliva, en Jaén – 7,1 millones de euros- un edificio inaugurado el pasado enero, pero que sigue cerrado al público, con instalaciones inacabadas y sin actividad. El Centro Nacional del Flamenco de Jerez  -40 millones de euros- y sin partida dentro de los Presupuestos del Estado. El Espacio Andaluz de Arte Contemporáneo , de Córdoba -21 millones- en  construcción desde 2008. El Museo de los Sanfermines -10 millones de euros y permanece paralizado o el Museo de las Gemas, que costó 30 millones de euros e inaugurado sin nada que mostrar, según el citado periódico.

Civilización del espectáculo

No faltará quien encuentre aquí cierta conexión con eso que, en su última obra, Vargas Llosa llama la banalización de la cultura y que, en su muy polémica opinión, son síntomas de un mal mayor que aqueja a la sociedad contemporánea: “la idea temeraria de convertir en bien supremo nuestra natural propensión a divertirnos. La cultura (…) ahora, actúa como mecanismo de distracción y entretenimiento (…) cierto facilismo formal y la superficialidad de los contenidos de los productos culturales se justifican en razón del propósito cívico de llegar al mayor número de usuarios”.

Desde un sector de la izquierda se está criticando severamente este planteamiento, por cierto tufillo elitista. No obstante, nuestro Premio Nobel tiene siempre la virtud del espíritu incómodo y logra hacernos reflexionar haciendo durísima radiografía de nuestro capitalismo y de la sociedad de consumo.

El alcalde de Monleras explica a los asistentes al XII curso de verao como es una gestión participativa en los pequeños pueblos de la frontera hispanoportuguesa.

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Antonio Arias Rodriguez

Síndico de la Sindicatura de Cuentas del Principado de Asturias

3 thoughts on “Una economía de la cultura”

  1. Caríssimo Antonio Arias.
    Excelente análise. Mostra como a vaidade de arquitetos e governantes, juntamente com a falta de critérios e cuidado com os recursos públicos, levam a esses desatinos. E a população, que durante anos seguidos, vai sofre as conseqüências de tais desperdícios, na hora da decisão de se construir esses “elefantes brancos” aplaude com entusiasmo.
    É que a massa não tem ponto de vista, e não é capaz da mínima reflexão.
    Isso me faz lembrar a desgraça anunciada que se está cometendo no Brasil, em razão da copa do mundo de 2014. Em Natal, destruíram um estádio de futebol que era chamado de “poema de concreto armado” para, no mesmo lugar, ser erguido um outro estádio, cujo projeto foi uma adaptação do que havia sido elaborado para uma cidade dos Estados Unidos. O Estado, que não dispõe de recursos para socorrer as populações do interior que sofrem com a maior seca dos últimos 50 anos, levantou empréstimo de 1,2 bilhões de Reais (aproximadamente 500 milhões de Euros) para financiar a obra, dando como garantia as receitas futuras.
    Um fuerte abrazo, desde Florida, USA.
    Getulio.

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  2. La burbuja universitaria
    A esta altura de la larga película parecen bastante claras las causas específicas de la crisis en España: unos líderes políticos regionales y locales aliados con especuladores varios, especialmente inmobiliarios, han hundido unas cajas de ahorro que hasta hace unos pocos años eran un modelo de banca social. Mientras tanto, los que tenían que vigilar incumplieron su deber básico de evitar el desorden generalizado o fueron demasiado cobardes para frenar la alegría generalizada en la que demasiados ciudadanos de a pie participaron sin pensar bien en dónde se metían.
    No afirmaré que el comportamiento de la universidad española en estos últimos años haya sido el mismo que el de las cajas de ahorro con sus políticos corruptos y sus amigos ladrones, pero lamentablemente ha tenido rasgos en común.
    La universidad española hace años que inició un proceso de crecimiento y mejora realmente notable (en buena medida como el resto del país). Sin embargo hace tiempo que empezaron a aparecer algunos problemas estructurales que nos hacían a muchos prever que avanzábamos por caminos peligrosos: sistemas de financiación injustos y poco estimuladores de la eficiencia; carencia de un sistema de ayudas a los estudiantes realmente eficaz; falta de una verdadera carrera profesional a la vez flexible, incentivadora del mérito y eliminadora de vagos; y por encima de todo el grave problema de la gobernanza de las universidades que han estado dirigidas (en esto si se parecen mucho a las cajas) con criterios políticos (cuando no politiqueros), localistas (cuando no meramente palurdos) y casi siempre por personas con escasa capacidad gestora, de escaso liderazgo y sin visión de futuro.
    En este entorno, no muy diferente del dominante en el resto del país, las universidades se dedicaron a construir edificios maravillosos, campus por doquier que son la envidia de todos los visitantes extranjeros (que tuercen el gesto cuando se aperciben que esos edificios, que ellos no tienen, se han construido en buena parte con fondos europeos). Los profesores universitarios, estimulados por el sistema, se han dedicado a publicar masivamente artículos académicos de dudosa utilidad (el noveno país del mundo en número de publicaciones, pero el trece en PIB muestra un cierto desajuste); y para completar los desatinos, en estos últimos años los dirigentes universitarios (a la par, ministeriales e institucionales) se han dedicado como posesos a desarrollar los llamados Campus de Excelencia Internacional, generando más deuda pública y otorgándose a si mismos la categoría de “excelencia internacional”. Parece obvio que la excelencia internacional solo podría otorgarse desde fuera, pero esto no parece importar a unos dirigentes que, para no desentonar del resto de los líderes patrios, en su mayoría no son capaces de desenvolverse en otras lenguas.
    Mientras tanto, las autoridades públicas, en buena medida pertenecientes a la misma casta de los dirigentes universitarios, muy especialmente en los últimos años, no solo no han hecho nada por corregir los problemas sino que los han estimulado.
    Se han dedicado a todo lo vistoso: una “burbuja universitaria” de edificios brillantes, publicaciones superfluas y excelencias falaces pero se han olvidado de lo más importante: el aprendizaje de los estudiantes. La universidad española ha perdido la oportunidad de aprovechar las reformas para cambiar un modelo obsoleto de enseñanza, que mata la innovación y la creatividad, que produce graduados que tienen como mayor aspiración hacer oposiciones y que aburre hasta la saciedad a nuestros jóvenes que acaban convirtiendo el botellón es su gran experiencia universitaria. Un nuevo modelo educativo era el objetivo del proceso de Bolonia, pero entre unos y otros se ha echado a perder…igual que las cajas de ahorro. Espero que los jóvenes graduados que se están marchando de este país, y los que se quedan pero con poco futuro, algún día les pidan cuentas a los responsables de las universidades (y no solo de las universidades) por el daño que les han hecho.

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  3. Un nuevo anuncio de despidos en empresas públicas de gestión de la cultura. La dirección general de la Ciudad de las Artes y las Ciencias comunicó hoy su intención de despedir a la mitad de su plantilla, que está formada por 325 trabajadores, «para adecuar su estructura a la situación de crisis».
    La Generalitat valenciana, en un comunicado, indica que el despido colectivo se enmarca dentro del «plan de viabilidad» de la empresa que recoge medidas para garantizar la competitividad del complejo en el futuro y explica que ante «la difícil situación económica, el Consejo de Administración de la Ciudad de las Artes y las Ciencias aprobó en reunión celebrada el 11 de junio de 2012 el inicio de la tramitación del despido colectivo con el objeto de reducir costes y recortar las pérdidas. Nivelando los ingresos y gastos para tener menos dependencia de la administración». Ese ajuste de personal obedece a causas económicas, procedentes de la disminución de asignación presupuestaria y el descenso generalizado en el volumen de ingresos de la empresa, provocados ambos por la coyuntura económica global, y a causas organizativas ante la necesidad de adaptar los recursos a la situación actual, añaden.
    Desde la Generalitat se ha hecho hincapié en que desde el año 2010, la Ciudad de las Artes y las Ciencias «lleva aplicando una política de restricción de gastos y ha puesto en marcha, entre otras muchas medidas, un Plan de Saneamiento para reducir los gastos de funcionamiento de la Sociedad». Sin embargo, estas actuaciones «han resultado insuficientes por lo que se ve en la necesidad de aplicar otras medidas de austeridad más allá de las ya adoptadas y que pasan por reajustar la plantilla, cuyo gasto supone el 25% del presupuesto de la sociedad», han añadido.

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