Durante el mes de agosto, hemos recibido 9.154 visitas que consultaron 15.055 páginas de esta bitácora. Procedían de 454 ciudades distintas en 50 países. Dejamos constancia de nuestro modesto ejercicio de transparencia, como todos los meses.

A mediado de agosto, el diario El País filtró un avance del contenido del anteproyecto de Ley de Transparencia y Acceso de los ciudadanos a la Información Pública, que el Gobierno pretendía aprobar días más tarde y del que no se ha vuelto a saber más. Una buena forma de dar ejemplo para un texto con un nombre tan noble.

La nueva Administración debe aprender a vivir en ese entorno de transparencia. Un requisito que dentro de poco serán tan necesario como la honestidad. Porque los ciudadanos, sobre todo los más jóvenes, si no pueden acceder a la información con facilidad a través de Internet, no creerán en las instituciones. No está de más recordar que este año hemos conocido que los españoles pensamos que los políticos son uno de los principales problemas del país.

Muchas Entidades simulan practicar esa transparencia pero cuando un ciudadano quiere saber lo que cobra un alto directivo o los gastos de representación de un organismo oficial, comienzan las dificultades. Se complica la información atrapándola entre vocabulario técnico, alusiones farragosas y referencias múltiples a otras páginas y documentos.

Con frecuencia se argumenta la protección de datos o la intimidad personal para poner trabas a los ciudadanos que se interesan por detalles urbanísticos o de contratación pública para impedir el acceso a la información que obra en poder de los poderes públicos. La curiosidad inicial se disipa y los ciudadanos alejan su mirada del complejo y extraordinario compartimento estanco, en que consiste la Administración española.

La primera de las reglas de Sir Humphrey para la supervivencia de la burocracia, en el libro “Si, Ministro”, es mantener el secreto administrativo: “Señor, si los ciudadanos no saben lo que está haciendo, no se darán cuenta de lo que hace mal”, aconseja el Secretario Permanente. Sin embargo, otra función pública es posible.

Para reconciliarme con la buena Administración, de vez en cuando echo un vistazo en la red a los gastos de la Auditora General de Canadá, Sheila Fraser. Una exótica curiosidad, lo reconozco. Esa institución de control da ejemplo publicando en su web corporativa los gastos protocolarios y de viaje de sus Altos Cargos. Cuando, por ejemplo, invita a un desayuno a unos parlamentarios, deja constancia pública de las características de esos gastos. Hasta los cafés convidados. Cuando Sheila viaja a una reunión profesional, con cargo a su institución, los gastos devengados también son publicados en la web: avión, dietas, alojamiento, taxi, teléfono y garaje del hotel, puede consultarse en su portal.

En la época burocrática, los tribunales de cuentas eran el órgano encargado de certificar esa transparencia. Fiscalizaban los gastos e ingresos de una Entidad emitiendo un informe al respecto. A veces se proporcionaban jugosos análisis de legalidad, anexos con datos o estados que permitían evaluar la conducta del gestor. De ahí las fuertes presiones para influenciar al intermediario y participar en su designación. Hoy, un sector de la ciudadanía entiende que esto no es suficiente y quieren conocer directamente y en tiempo real qué hacen las instituciones.

Internet aumenta el control democrático y permite ejercer un tipo de supervisión desconocida hasta ahora, una especie de vigilancia intuitiva sobre las acciones de nuestros representantes. Sin embargo, siguen siendo necesarias las instituciones de control interpuestas. La necesidad de criterios técnicos sigue estando presente en la labor fiscalizadora, ya que la complejidad y el nivel de profundidad requeridos para evaluar el gasto público, sería imposible de alcanzar de una manera eficaz sin profesionales cualificados. Aunque el ciudadano medio está cada vez más capacitado para moverse por si mismo en los laberintos administrativos y financieros.

Para terminar, debemos recordar que el nuevo gobierno británico dará ejemplo con la publicación de todo el gasto público, partida por partida. También está previsto liberar los datos en la red con los nombres, puesto que desempeña, sueldo y dietas de todos los altos cargos y funcionarios del escalafón medio y alto.

Hay algo ácrata en la red. Con todo, lo más avanzado en ese tema es la apertura pública de los registros tributarios de todos los contribuyentes noruegos, como hemos comentado aquí.