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	<title>Comentarios en: Cementerio de elefantes</title>
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	<description>Espacio dedicado a la Fiscalización de la gestión de los fondos públicos</description>
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		<title>Por: Paul Lafargue</title>
		<link>http://fiscalizacion.es/2008/02/12/la-ley-de-tolivia/comment-page-1/#comment-942</link>
		<dc:creator>Paul Lafargue</dc:creator>
		<pubDate>Sat, 16 Feb 2008 18:45:29 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://www.fiscalizacion.es/?p=978#comment-942</guid>
		<description>La expresión “cementerio de elefantes” es ya una metáfora acuñada, de ineludible uso cuando se habla de estos temas y, a pesar de su reiteración, no ha perdido fuerza expresiva ni capacidad simbólica, seguramente porque, en el trance de que nos comparen con una bestia, el elefante no es de las peores, sino un animal extraordinario, fuerte y resistente, al que se atribuyen –cierta o falsamente- notables facultades de orden intelectual (memoria a largo plazo) e incluso ciertos sentimientos morales y familiares. La imagen del elefante anciano, erguido en un último esfuerzo, dirigiéndose al lugar de su final descanso, es hermosa y evocadora.

Cuando decimos que tal o cual órgano administrativo es un “cementerio de elefantes”, en realidad nadie se siente ofendido. Aunque se diga con la peor intención del mundo, siempre cabe la posibilidad de entender que se están alabando la veteranía, la carrera intachable y los pretéritos esfuerzos de quienes son así calificados.

Para verlo un poco más claro, hagamos un pequeño cambio, mínimo (también se trata de un paquidermo) pero sin duda relevante; digamos, v. gr., que tal o cual órgano administrativo es un “cementerio de cerdos”. Dudo mucho de que nadie se atreviese a usar este atrevido neologismo en público, porque una cosa es llamarte elefante –esto es, noble, experimentado y sabio- y otra muy diferente atribuir a cada uno el animal que de verdad le correspondería, de acuerdo con esa moda que indica el post, nacida del viejo antropocentrismo y aplicada hoy a los líos de oficina, pero que puede extenderse a toda clase de relaciones humanas, como hizo Orwell en “Rebelión en la granja” (¿a quién le damos el papel del granjero Jones?), con precedentes literarios tan prestigiosos como H. G. Wells (“La isla del doctor Moreau”) o las obras de Maeterlinck sobre la vida de las abejas o de los termes, aguda descripción de las sociedades humanas.

Es cierto, como dice el post -con su habitual sindéresis-, que estamos manejando estereotipos de difícil objetivación e imposible generalización, pero no debemos olvidar una peculiaridad del empleo público, y es que –en determinados niveles de la jerarquia administrativa- el funcionario (sobre todo,  si desempeña la docencia en una Universidad) puede perfectamente, si esa es su voluntad e inclinación, apagar las luces, cerrar las puertas y no volver a trabajar de verdad en toda su vida, aunque mantenga una tenue apariencia de lo contrario. Por eso, quizá la pérdida de sabiduria no sea tanta prejubilando oficialmente a quienes ya se han autojubilado por su cuenta.

De otro lado, la multiplicación de “cementerios de elefantes” administrativos es  corolario de la metástasis autonómica, que –soslayando toda racionalidad organizativa- ha replicado los vicios de la Administración del Estado, pero multiplicándolos, como vistos a través del ojo de un insecto. ¿Alquien puede decirme para qué necesita Galicia un Tribunal de Defensa de la Competencia? Es sólo un ejemplo, pero estoy dispuesto, cuando tenga seis o siete meses libres (no menos) a hacer un lista completa de organismos superfetatorios e inútiles, en cuyas poltronas arraigan toda clase de especies, incluyendo, por qué no admitirlo, algún noble elefante.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>La expresión “cementerio de elefantes” es ya una metáfora acuñada, de ineludible uso cuando se habla de estos temas y, a pesar de su reiteración, no ha perdido fuerza expresiva ni capacidad simbólica, seguramente porque, en el trance de que nos comparen con una bestia, el elefante no es de las peores, sino un animal extraordinario, fuerte y resistente, al que se atribuyen –cierta o falsamente- notables facultades de orden intelectual (memoria a largo plazo) e incluso ciertos sentimientos morales y familiares. La imagen del elefante anciano, erguido en un último esfuerzo, dirigiéndose al lugar de su final descanso, es hermosa y evocadora.</p>
<p>Cuando decimos que tal o cual órgano administrativo es un “cementerio de elefantes”, en realidad nadie se siente ofendido. Aunque se diga con la peor intención del mundo, siempre cabe la posibilidad de entender que se están alabando la veteranía, la carrera intachable y los pretéritos esfuerzos de quienes son así calificados.</p>
<p>Para verlo un poco más claro, hagamos un pequeño cambio, mínimo (también se trata de un paquidermo) pero sin duda relevante; digamos, v. gr., que tal o cual órgano administrativo es un “cementerio de cerdos”. Dudo mucho de que nadie se atreviese a usar este atrevido neologismo en público, porque una cosa es llamarte elefante –esto es, noble, experimentado y sabio- y otra muy diferente atribuir a cada uno el animal que de verdad le correspondería, de acuerdo con esa moda que indica el post, nacida del viejo antropocentrismo y aplicada hoy a los líos de oficina, pero que puede extenderse a toda clase de relaciones humanas, como hizo Orwell en “Rebelión en la granja” (¿a quién le damos el papel del granjero Jones?), con precedentes literarios tan prestigiosos como H. G. Wells (“La isla del doctor Moreau”) o las obras de Maeterlinck sobre la vida de las abejas o de los termes, aguda descripción de las sociedades humanas.</p>
<p>Es cierto, como dice el post -con su habitual sindéresis-, que estamos manejando estereotipos de difícil objetivación e imposible generalización, pero no debemos olvidar una peculiaridad del empleo público, y es que –en determinados niveles de la jerarquia administrativa- el funcionario (sobre todo,  si desempeña la docencia en una Universidad) puede perfectamente, si esa es su voluntad e inclinación, apagar las luces, cerrar las puertas y no volver a trabajar de verdad en toda su vida, aunque mantenga una tenue apariencia de lo contrario. Por eso, quizá la pérdida de sabiduria no sea tanta prejubilando oficialmente a quienes ya se han autojubilado por su cuenta.</p>
<p>De otro lado, la multiplicación de “cementerios de elefantes” administrativos es  corolario de la metástasis autonómica, que –soslayando toda racionalidad organizativa- ha replicado los vicios de la Administración del Estado, pero multiplicándolos, como vistos a través del ojo de un insecto. ¿Alquien puede decirme para qué necesita Galicia un Tribunal de Defensa de la Competencia? Es sólo un ejemplo, pero estoy dispuesto, cuando tenga seis o siete meses libres (no menos) a hacer un lista completa de organismos superfetatorios e inútiles, en cuyas poltronas arraigan toda clase de especies, incluyendo, por qué no admitirlo, algún noble elefante.
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		<title>Por: Juan María Moreno Urbano</title>
		<link>http://fiscalizacion.es/2008/02/12/la-ley-de-tolivia/comment-page-1/#comment-941</link>
		<dc:creator>Juan María Moreno Urbano</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 12 Feb 2008 19:42:45 +0000</pubDate>
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		<description>Muy buena entrada referente a los &quot;Cementerios de Elefantes&quot;.

Pensando en lo que ocurre en el ámbito profesional en que me muevo,  las Entidades Locales, me quedo con esta frase: &quot;Es frecuente que la Alta Dirección de las organizaciones crea que la gestión es lo importante y que el control es secundario&quot;...

Es, en un alto porcentaje, aplicable (con ligeras variaciones que no es preciso explicitar) también a estas organizaciones públicas donde no siempre la mejor y mayor dotación de medios personales es la que se destina a la funciones de control.

A esta circunstancia se suma otra, que no es otra que la &lt;strong&gt;renuncia &quot;a la gestión de las diferencias&quot; y la aplicación del criterio de &quot;café para todos&quot; en las políticas retributivas de personal&lt;/strong&gt;.

Si en un puesto de trabajo de un departamento de gestión la labor que se realiza es más &quot;creativa&quot;, no hay un Jefe sometido a tanta responsabilidad, no requiere trabajar con &quot;números&quot; o dinero (derechos u obligaciones), es menos exigente, es menos intensa, no supone &quot;fiscalizar o controlar&quot; a otros, implica menor responsabilidad y presión.... etc, etc, etc...

...Las consecuencias suelen ser claras; &lt;strong&gt;cada vez los departamentos dedicados al control interno y la fiscalización (también los de contabilidad, la recaudación, la tesorería, gestión tributaria...) corren el riesgo de contar no sólo con un buen número de &quot;elefantes&quot; sino también con un mayor número de funcionarios interinos o de personal inestable&lt;/strong&gt;.

Afortunadamente no siempre las amenazas o riesgos que se ciernen sobre las organizaciones se materializan gracias a la profesionalidad y la vocación de muchos servidores públicos.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Muy buena entrada referente a los &#8220;Cementerios de Elefantes&#8221;.</p>
<p>Pensando en lo que ocurre en el ámbito profesional en que me muevo,  las Entidades Locales, me quedo con esta frase: &#8220;Es frecuente que la Alta Dirección de las organizaciones crea que la gestión es lo importante y que el control es secundario&#8221;&#8230;</p>
<p>Es, en un alto porcentaje, aplicable (con ligeras variaciones que no es preciso explicitar) también a estas organizaciones públicas donde no siempre la mejor y mayor dotación de medios personales es la que se destina a la funciones de control.</p>
<p>A esta circunstancia se suma otra, que no es otra que la <strong>renuncia &#8220;a la gestión de las diferencias&#8221; y la aplicación del criterio de &#8220;café para todos&#8221; en las políticas retributivas de personal</strong>.</p>
<p>Si en un puesto de trabajo de un departamento de gestión la labor que se realiza es más &#8220;creativa&#8221;, no hay un Jefe sometido a tanta responsabilidad, no requiere trabajar con &#8220;números&#8221; o dinero (derechos u obligaciones), es menos exigente, es menos intensa, no supone &#8220;fiscalizar o controlar&#8221; a otros, implica menor responsabilidad y presión&#8230;. etc, etc, etc&#8230;</p>
<p>&#8230;Las consecuencias suelen ser claras; <strong>cada vez los departamentos dedicados al control interno y la fiscalización (también los de contabilidad, la recaudación, la tesorería, gestión tributaria&#8230;) corren el riesgo de contar no sólo con un buen número de &#8220;elefantes&#8221; sino también con un mayor número de funcionarios interinos o de personal inestable</strong>.</p>
<p>Afortunadamente no siempre las amenazas o riesgos que se ciernen sobre las organizaciones se materializan gracias a la profesionalidad y la vocación de muchos servidores públicos.
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		<title>Por: Iñaki Ortiz</title>
		<link>http://fiscalizacion.es/2008/02/12/la-ley-de-tolivia/comment-page-1/#comment-940</link>
		<dc:creator>Iñaki Ortiz</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 12 Feb 2008 08:42:39 +0000</pubDate>
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		<description>Los que vamos enfilando la cincuentena tenemos que empezar a organizar ese cementerio de elefantes para hacerlo lo más habitable posible, mientras nos cruzamos con esos jovencitos que suben a toda velocidad al Alto de la Collaona.

Sobre la pérdida de conocimiento que suponen las jubilaciones &lt;a href=&quot;http://artesaniaenred.blogspot.com/2007/03/estn-locos-estos-romanos-adis-al.html&quot; rel=&quot;nofollow&quot;&gt;habló Julen en su blog&lt;/a&gt;. Pero, si quieres que te diga la verdad, creo que las organizaciones asumen gustosas esa pérdida de conocimiento con tal de quitarse del medio a los &quot;carcamales&quot;. Triste pero cierto.

¡Siempre nos quedará Asturias!</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Los que vamos enfilando la cincuentena tenemos que empezar a organizar ese cementerio de elefantes para hacerlo lo más habitable posible, mientras nos cruzamos con esos jovencitos que suben a toda velocidad al Alto de la Collaona.</p>
<p>Sobre la pérdida de conocimiento que suponen las jubilaciones <a href="http://artesaniaenred.blogspot.com/2007/03/estn-locos-estos-romanos-adis-al.html" rel="nofollow">habló Julen en su blog</a>. Pero, si quieres que te diga la verdad, creo que las organizaciones asumen gustosas esa pérdida de conocimiento con tal de quitarse del medio a los &#8220;carcamales&#8221;. Triste pero cierto.</p>
<p>¡Siempre nos quedará Asturias!
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